El milagro de ser madre

Fernando Centeno Chiong

Cuando mi hija vio frustrado su primer embarazo decidió lo que toda muchacha de su edad hubiera hecho: esperar un tiempo prudencial para intentarlo nuevamente y a los pocos meses lo logró, teniendo un poco más de cuidado en su salud para evitar una situación similar.

El segundo embarazo, al igual que el tercero y el cuarto también se frustraron en medio de una gran desilusión que parecía alejar el deseo de toda mujer de obtener el galardón de madre. El primer diagnóstico médico revelaba que debido a determinada enfermedad su caso ameritaba operación y que esto disminuía sensiblemente las posibilidades de tener un hijo, resultado que la obligó a conocer otras opiniones y no quedarse sólo con la primera.

La oración fue su principal compañía en esos momentos de decisión, acompañada de la búsqueda incesante de consejos, alternativas, consultas, lectura de artículos en revistas, periódicos, internet y otros medios que ofrecieran un rayo de esperanza en sus anhelos de mujer.

Todo esto la llevó a encontrar nuevas opciones en los conocimientos cada vez más actualizados de una generación de médicos nacionales que procuran estar al día con los avances de esta ciencia.

Sus oraciones, su perseverancia y la ayuda médica evitaron la operación abriéndole nuevas posibilidades de concebir, lo que fortaleció su fe, la de su esposo, la de sus padres, su familia, y sus amistades que conociendo su caso en hermosa solidaridad elevaban plegarias por hacer una realidad su deseo de ser madre.

Dios le concedió una nueva oportunidad y su quinto embarazo se dio en medio de un mar de escepticismos y pesadumbre. Quiso mantenerlo al principio en secreto porque era mejor para disminuir sentimientos de compasión en caso se repitiera la triste historia. Intensificó los cuidados médicos, pero sobre todo una inquebrantable fe que en esta ocasión Dios no le podía fallar.

Un poco antes de los nueve meses y ante la insistencia de salir al mundo antes de tiempo, brotó como el más grande milagro en la vida de una mujer una hermosa, saludable y bella niña cuyo nombre, Mariagabriela, era un reconocimiento a la Virgen madre por cuya intercesión y la del Arcángel Gabriel, al lado del Todopoderoso hicieron posible que sus bellos ojos grises se abrieran ese día para completar un anhelo, un sueño y una esperanza hecha realidad.

Han transcurrido más de siete meses desde que Mariagabriela vino al mundo dando testimonio de que además de los avances de la medicina, la fuerza de la oración y la fe hacen posible lo que pareciera inalcanzable, y lo que se requiera es mucho amor, perseverancia, pero sobre todo la seguridad del inmenso poder de Dios.

Ahora, cuando de los labios de su pequeña niña brota precozmente la palabra mamá, qué mejor regalo puede esperar una mujer que confió en la ciencia, pero más importante aún, arropó sus esperanzas e ilusiones en la fuerza de la fe para ver realizado el más hermoso milagro en la vida de una mujer, como es el de la maternidad, y en este caso particular un real y fiel testimonio de la bondad y el poder de nuestro Creador, que sirva de ejemplo para alentar en aquellas jóvenes que pudieran estar pasando por situaciones similares, que con la fortaleza que da el amor y la fe podrán ver cumplido el sueño de ser madre.

El autor es periodista.  

Editorial
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