Pensando en nuestros ángeles especiales

Gustavo Ortega [email protected]

Soy de las personas que generalmente discuten porque días como hoy son “inventos” comerciales y bien que me respaldan las innumerables e incontables promociones y descuentos acompañados de frases trilladas y esos corazones rojos, cuya “magistral” hechura casi todos la aprendimos en nuestros primeros años escolares.

Pero no pretendo hablar de los beneficios para el comercio, y por ende para el gobierno pues con eso recauda un poco más del recién bautizado Impuesto al Valor Agregado (IVA), sino quiero hablar de esos ángeles que tenemos tan cerca y que a veces vemos tan lejos.

Un homenaje a la madre pienso no requiere fecha, pues ellas tampoco pensaron en fechas ni horarios cuando de madrugada nos amamantaron, velaron nuestras enfermedades, corrigieron nuestras primeras letras, pelearon por nuestro bienestar y aún siguen sin horario al estar orando en cualquier momento por el bienestar de sus vástagos, sean uno, dos, nueve o diez sus crías, para ellas no hay diferencia.

También merece más que un poema o regalo, el esfuerzo que ese ángel cuando toma fuerza quién sabe de dónde y enfrenta la salida del fruto de su vientre.

Ellas son una especie especial, que nacieron con ese don que sólo ellas saben explicar, de guardar en la memoria esos pequeños detalles, de saber perdonar cualquier cosa, de no ver defectos, de amar aún estando en la eternidad.

Este espacio logrado para escribir esto, me compromete a ser vocero de todos aquéllos que no cuentan con esta oportunidad, aquéllos que no están con ese ángel por muchas razones, unos porque ya dejaron el nido, otros por esas separaciones, unas forzadas y otras voluntarias, y aquéllos, los que sienten mucha nostalgia, porque el ángel no está físicamente pero sé que están con la certeza que se fueron de este mundo para guiarlos.

A mi madre casi siempre tengo la oportunidad de decirle que la quiero y si no lo digo pues permanentemente lo pienso.

Sin duda son únicas, nacieron con esa estrella indescifrable que hacen recordarlas, están ahí en un lugar de la memoria esas hermanas mayores que nos asistieron en la infancia con amor, aquéllas que nos vieron crecer en nuestros vecindarios y hoy en día continúan aconsejándonos, las que nos apoyaron en los días de estudiante y hoy reímos con las nostálgicas remembranzas, las atentas en las mañanas de cruda disminuyéndonos los estragos de la “enfermedad buscada”, aquéllas que recurrentemente viven preguntando por nuestros rumbos, hasta averiguar que todo está bien, todas abrieron voluntariamente un espacio en su corazón para hacernos sus hijos “postizos”.

En mi caso, algunas están allá “arriba” junto al “Hombre” siendo inspiración para estas palabras y otras a las que no he tenido tiempo de abrazarlas, sepan que siempre las recuerdo.

Ángeles especiales, madres, estas palabras son para que sepan que viven en las memorias eternas, mis respetos a todas ustedes mujeres, pioneras, luchadoras, guías, consejeras, amigas. Trabajadoras incansables, jamás podremos sustituirlas.

Para esos ángeles que dan la vida sin tapujos por el ser que mantuvieron en su vientre, bendiciones eternas y gracias por estar ahí siempre, congratulaciones para las amigas, parientes, colegas, conocidas y desconocidas que están leyendo estas palabras ahora.

Los otros ángeles, aquéllos que se fueron a vivir al cielo, están también ahora y aquí con nosotros, están más cerca y dentro de nuestro corazón, no se han ido, se han instalado en la eternidad y no hay por qué llorar, ellas piden esas sonrisas como un regalo… démosle el gusto.

Sepan que son muchos y muchas, “los” y “las” (por eso de los asuntos de género) que pusieron en mis manos estas palabras que ahora escribo, en uno de los días más esperados por el comercio, ojalá lo aprovechen, sólo me resta decir ¡Salud Madres!… pero me disculpan, aún sigo pensando que el día de hoy es un invento, pues esos ángeles merecen ser celebradas los otros 364 restantes.  

Editorial
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