Marco A. [email protected]
Las drogas ilícitas – y la narcoactividad— son un problema nacional y, como tal, hay que enfrentarlas con una visión que tenga como paraguas la estrategia nacional de seguridad ciudadana, que se puede terminar de formular —y aprobar— tomando en cuenta los trabajos que bajo una metodología participativa se realizaron estos años y, donde se involucraron activamente diversos actores nacionales. Dicha estrategia englobaría también otros problemas principales, por ejemplo, pandillas, violencia intrafamiliar, robos, abigeato y accidentalidad de tránsito.
No hay que empezar de cero ya que en materia de seguridad ciudadana hay camino recorrido, experiencia de intervenciones e investigaciones, planes y programas gubernamentales sectoriales, accionar de comisiones en la Asamblea Nacional, lo mismo que prácticas de gobiernos locales y conocimientos de organizaciones de la sociedad civil. Una muestra de planes son los impulsados por la Policía Nacional, MECD, Mifamilia, Minsa, INIM, Secretaría de la Juventud, etc, además del plan nacional contra las drogas del Consejo Nacional que vale la pena apoyar más. Por su lado, varias alcaldías tienen buena trayectoria en este terreno y, organismos internacionales como PNUD y BID, lo mismo que países como Suecia, Japón y Estados Unidos, tienen el asunto en su agenda de cooperación.
En el caso de las drogas, como producto que tiene un “mercado”, hay que tratarlas tomando en cuenta la oferta y la demanda, puesto que si bien ambos espacios se entrecruzan, también tienen su universo propio con sus particularidades, ritmos y vericuetos.
Por el lado de la oferta está la ubicación geográfica de ciertos lugares (tierra firme y océanos) como el Mar Caribe, Océano Pacífico, RAAN, RAAS, Rivas, Chinandega, León, Estelí, así como aquellas zonas de la Central Norte que son tierra de nadie y que sirven para su tráfico; también son claves los expendios. Mientras, algunos factores asociados a la demanda tienen relación con la desintegración familiar, el rol que juegan los pares o amigos, la poca atención que se le ha puesto al tema de drogas en colegios y escuelas, y los escasos espacios de recreación y superación cultural que tiene la adolescencia y juventud. Tanto la oferta como la demanda están cruzadas por problemas de desempleo, pobreza, corrupción y crisis de valores, que inciden para que mucha gente encuentre salida a sus calamidades implicándose en la narcoactividad.
Ahora bien, dado el papel que tanto en la oferta como la demanda desempeña la Policía Nacional, anima leer que irán a fondo en cualquier caso de sospecha de involucramiento con el narcotráfico en sus filas, tal y como lo han hecho en otras ocasiones. Y eso es bueno, puesto que actitudes sospechosas que tienen nombre y apellido, no deben dar lugar a manchar la institución policial.
Finalmente, aprecio que de cara a este problema nacional hay que aunar el máximo de esfuerzos, impulsando una vigorosa coordinación interinstitucional que potencie aquello que de lo sectorial es útil para contener la embestida de las drogas, que presenta una tendencia al ascenso.
Que no pase lo de casi siempre, se pone de moda un problema, se aborda unos días, casi siempre con la sangre ardiendo, y luego decae. Ojala cambie la historia y se impulse el Plan contra las drogas como componente de la estrategia nacional de seguridad ciudadana.
El autor es consultor en seguridad ciudadana.