Al parecer es compulsiva la conducta represiva de Fidel Castro contra quienes aún a riesgo de perder hasta la vida defienden su derecho a la libertad de pensamiento y expresión.
En realidad, eso es lo que demuestra el hecho de que inmediatamente después de haber condenado —el mes pasado— a más de 70 periodistas independientes y disidentes democráticos a penas de 17 a 30 años de prisión, la tiranía izquierdista de Cuba arremetió contra sus esposas.
A principios de esta semana el régimen prohibió las visitas familiares a los prisioneros más connotados, que por cierto están confinados en cárceles de alta seguridad ubicadas en lugares lejanos de la capital. Esta inhumana disposición del gobierno comunista de Fidel Castro es un castigo porque las esposas de los presos adoptaron una singular forma de protestar por la represión contra sus maridos.
En efecto, las mujeres decidieron asistir vestidas completamente de blanco a la misa dominical que se celebra en la Iglesia Católica de Santa Rita, situada en el barrio Miramar de La Habana, para orar por la vida y la libertad de sus deudos y luego caminar en silencio, durante varias cuadras, a lo largo de una céntrica avenida habanera.
A Santa Rita de Casia sus devotos la llaman “santa de los casos imposibles y abogada de los desesperados”, pues le atribuyen muchos milagros y su imagen es una de las más veneradas por los católicos habaneros. Precisamente dentro de una semana, el próximo jueves 22 de mayo la Iglesia Católica celebrará la festividad de Santa Rita, que en Nicaragua es patrona de Teustepe, Boaco, y en cuyo honor esta población celebra sus fiestas patronales de mayo.
Las mujeres de los presos políticos y de conciencia en Cuba fueron amenazadas con ser encarceladas y sometidas a juicio, además de que son agredidas por las turbas de los comités de defensa de la revolución (modelo de los comités de defensa sandinista del FSLN).
De modo que “las mujeres de Santa Rita” han tenido que suspender algunos de los aspectos visibles de su protesta, a fin de no ir también a la cárcel ni motivar más represalias contra sus esposos. Sin embargo, ellas seguirán asistiendo al templo de Santa Rita de Casia para rogarle el milagro de conseguir la libertad de sus esposos, padres, hijos y hermanos, ya que la comunidad internacional —insensible y cobarde— ha sido incapaz de presionar a la tiranía castrista para que no siga aplastando los derechos y conculcando las libertades del pueblo cubano.
Al respecto es vergonzosa la situación que hay en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, pues está presidida por Libia que tiene uno de los gobiernos más represivos del mundo; y en la cual participan de manera preponderante otros gobiernos que pisotean brutalmente los derechos, libertades y la dignidad de la persona humana, como China comunista, Arabia Saudita, Zimbabwe y la misma Cuba.
Hace apenas un par de semanas esta Comisión de la ONU aprobó una timorata e inocua resolución sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, en la que ni siquiera se aludió el caso de los más de setenta periodistas independientes y disidentes democráticos condenados recientemente a extensos períodos de prisión, ni a las tres personas fusiladas porque secuestraron una embarcación —sin hacer daño a nadie— para tratar de huir a Estados Unidos en busca de libertad, trabajo y una vida decorosa que no les permite en Cuba el esclavizante régimen comunista.
Dicha resolución se limitó a suplicarle a Fidel Castro que permitiera la visita a Cuba de una representante de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, petición que fue rechazada por el prepotente gobierno cubano cuyos delegados en Ginebra ultrajaron verbalmente a los gobernantes democráticos latinoamericanos que votaron por la mediocre resolución, y a los que la auspiciaron, como Nicaragua, cuya Cancillería declaró con miedo quién sabe a qué o a quién que no se sentía ofendida por los insultos de los funcionarios comunistas cubanos.
De manera que lo que no ha querido hacer la comunidad internacional tal vez lo pueda lograr la milagrosa Santa Rita, en quien las mujeres cubanas de los presos de conciencia han puesto todas sus esperanzas.