Roberto Moreno Cajina
El Primero de Mayo, día de la solidaridad internacional de los trabajadores, es celebrado en todo el mundo en conmemoración de la huelga general convocada para el primero de mayo de 1886, en los Estados Unidos de América, y para rendir tributo a los mártires de Chicago durante los sucesos de la Plaza Haymarket.
Durante la década de 1880 se dieron en los Estados Unidos altos niveles de desempleo y una crisis económica que afectaba las condiciones de vida de los ciudadanos americanos en materia de salud, educación, vivienda y bajos salarios. También los obreros laboraban jornadas de diez, doce, catorce y hasta dieciocho horas diarias. Los trabajadores que desde la Guerra de Secesión (1862-1865 / por la abolición de la esclavitud en Estados Unidos de América) habían comenzado a organizarse en uniones sindicales y a adoptar las ideas de los socialistas, anarquistas y lasallistas (seguidores de Ferdinand Lasalle), comenzaron a exigir la reducción de la jornada de trabajo hasta un máximo de ocho horas diarias y aumento de los salarios.
Para 1886 miles de trabajadores se habían organizado en la Orden de Caballeros del Trabajo y en la Federación de los Sindicatos Organizados de Estados Unidos de América y Canadá, precursora la segunda de la A.F.L.
Era tan grave la crisis en Estados Unidos de América que el ocho de diciembre de 1885 el presidente Cleveland reconoció en un discurso el alto grado de desempleo que azotaba al país. En la década de 1880 en Pennsylvania el salario apenas era de 2.7 dólares por día, mientras que en 1883 en Massachussets un obrero para mal vivir necesitaba 755 dólares al año, pero apenas ganaba 559 dólares.
En estas condiciones los trabajadores norteamericanos buscaron mejorar sus posiciones sociales, económicas y políticas, incrementar el salario real, pensiones por enfermedad e invalidez y subsidio por desempleo. Las primeras protestas se dieron en la fábrica de máquinas agrícolas McCormick, de Chicago. Otras manifestaciones por la reducción de jornadas de trabajo se dieron en Nueva York, Pennsylvania, Milkwakee, Massachussets, Ohio, Illinois y Baltimore.
En enero de 1886 dos mil picapedreros de Chicago conquistaron la jornada de ocho horas; en febrero de 1886 los obreros de la Street Railway Company, de Minneapolis, lograron la reducción de la jornada y un aumento de salarios. Igual suerte alcanzaron los obreros de las fábricas de calzado de Milkwakee y de la Studebaker Company, de Indiana. En marzo estalló la huelga de transportistas de Nueva York, y de los chóferes de Baltimore.
Pero no sólo los obreros participaban en la lucha. Los enemigos de su propia clase, organizados en la Orden de Caballeros del Trabajo, la boicoteaban, los empresarios se preparaban para enfrentar a los huelguistas y tanto los manifestantes como la Policía se alistaban para el combate. También la prensa, como el New York Times y el New York Tribune pedían mano dura contra los trabajadores.
Forzado por las convulsiones sociales, el 22 de abril de 1886 el presidente Grover Cleveland volvió a dirigirse a la nación esta vez para reconocer la justeza de los reclamos de los trabajadores. La central obrera de Chicago invitó a una huelga general en todo el país para el primero de mayo de 1886. En Nueva York, en el Union Square, a las seis de la tarde se reunieron 20,000 manifestantes y en la noche de ese mismo día estaban llenas de obreros las calles de Milkwaukee. Ese mismo primero de mayo se fueron a la huelga los trabajadores de las empresas fabricantes de muebles, cobre, siderúrgicas y madereras, quedando los dos tercios de las empresas industriales de Chicago sin laborar y con 25,000 trabajadores en huelga.
El tres de mayo de 1886 doce mil trabajadores se reunieron en los alrededores de la empresa McCormick. Esta manifestación fue disuelta a balazos por la Policía resultando seis muertos y muchos heridos.
Llenos de indignación los obreros se convocaron para las siete y media de la noche del cuatro de mayo de 1886, asistiendo entre dos mil y tres mil trabajadores a la Plaza de Haymarket, en Chicago. En ese momento llegó la Policía. El alcalde de Chicago, Carter H. Harrison, que estaba observando la manifestación, habló con el capitán Bonfield y le dijo que la presencia de la Policía era innecesaria, a lo que el capitán contestó que ya tenía tomada su decisión. Al final de la manifestación estalló una bomba entre los manifestantes y la Policía, motivo suficiente para que ésta abriera fuego a mansalva, huyendo todos los manifestantes menos los muertos y heridos.
Los ocho principales líderes de los trabajadores fueron apresados, juzgados y condenados, cinco de ellos a la pena de muerte, dos a cadena perpetua y uno a quince años de cárcel. El 11 de noviembre de 1887 cuatro fueron ejecutados y un quinto falleció en la cárcel. Todos fueron enterrados en el cementerio de Waldheim, Chicago, asistiendo a rendirle un último tributo 25,000 obreros. El 26 de julio de 1893, J. B. Altgeld, nuevo gobernador de Illinois perdonaría la pena a Fielden, Schwab y Neebe, declarando el gobernador que la pena impuesta había sido injusta.
La celebración del Primero de Mayo como día de la solidaridad internacional de los trabajadores fue decidida en julio de 1889 por el primer congreso de la Segunda Internacional (socialista), y las primeras celebraciones se dieron en 1890. La proclama decía que “una gran manifestación internacional debe organizarse para tener lugar en una misma fecha y de tal manera que los trabajadores de cada uno de los países y de cada una de las ciudades demanden simultáneamente de las autoridades públicas limitar la jornada laboral a ocho horas y cumplir las demás resoluciones de este congreso internacional de París”.
Estas experiencias dieron paso a un movimiento obrero estadounidense moderno. Entre los mártires de Chicago tal vez el más sobresaliente fue Albert Parsons, quien desde los veinte años luchaba por las libertades civiles de los negros y en contra del Ku Klux Klan. Fue líder del sindicato de tipógrafos y director del Semanario Alarm. Los mártires de Chicago ejecutados fueron: Albert Parsons, August Spies, Adolf Fischer y George Engels. Louis Lingg murió en la cárcel por suicidio. Michael Schwab y Samuel Fielden fueron condenados a cadena perpetua y Oscar Neebe a quince años de cárcel.
De entre las varias reacciones vale reproducir el comentario de H. David, gran empresario de Chicago, quien dijo: “No considero que esta gente sea culpable de delito alguno, pero ellos deben ser ahorcados. No temo a la anarquía en absoluto, puesto que se trata de un esquema utópico de unos pocos, muy pocos chiflados filosofantes y, además, inofensivos; pero considero que el movimiento obrero debe ser destruido”. El Primero de Mayo es una fecha conmemorativa en todos los países del mundo y durante ese día millones de obreros hacen sus demandas por un mundo mejor, de paz y justicia social.
El autor es abogado laboralista.