El cuento del abuelo, el nieto y el burro

Avil Ramí[email protected]

Los nicaragüenses son un poco complicados. Lo sé.

Los dichos reflejan una parte de ello: limosnero y con garrote; lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta; el que tiene más galillo traga más pinol; no hay peor cosa que poner a un indio a repartir chicha; no hay indios, todos son caciques, etc.

El problema es cultural y la solución no es a corto plazo. Hay que invertir en educación y forjar valores.

Por ejemplo, en una escuela, el alumno más envidiado no es el que se sienta en los primeros asientos y hace disciplinadamente sus tareas. El más “pijudo” (bueno, excelente) es el que se atrinchera en la última fila, se copia, es mal alumno, y sin embargo es el líder y hasta lo siguen las muchachas.

Hay que romper con esa forma de ser, no por uno, sino por los hijos y los hijos de los hijos.

El futuro de Nicaragua depende de las bases éticas que se les pueda inculcar . Así es. Si otros pueblos y naciones han podido, ¿por qué Nicaragua no?

Para poder iniciar ese nuevo rumbo, la Nueva Era que tanto se menciona en estos tiempos, hay que cambiar todos de raíz y dejar de estar viendo la pequeña basura en el ojo del vecino y buscar cómo quitar la viga de los ojos de uno mismo.

Hace pocos días, don Tiburcio García bajaba a Telica con su nieto Carmelo y su burro. Iban a vender maíz de excelente calidad que en una cosecha récord obtuvieron con un novedoso programa llamado “Libra por Libra”.

Carmelo —el nieto— iba montado sobre el burro y unos vecinos —al pasar— dijeron: “El pobre abuelo jalando el mecate y su nieto ‘encaramado’ en el burro. ¡Qué desconsiderado el chavalo…!”

Al escucharlos cambiaron los papeles: el abuelo se montó en el jumento y el nieto comenzó a jalarlo.

Más adelante otros vecinos murmuraron: “¡Qué viejo más bandido. Él encaramado y el ‘cipote’ jalando el burro!” Entonces decidieron bajarse los dos del burro y ambos lo jalaron.

Una cuadra después, otro grupo de teliqueños dijeron: “¡Ve que brutos ese par de ‘jodidos’. En vez de encaramarse en el burro lo vienen jalando!

Cansados ya, abuelo y nieto, de los comentarios del vecindario, se montaron los dos en el noble animal (que ni se daba cuenta de lo que sucedía, ni se molestaba). El abuelo y el nieto no creyeron que alguien podía decir algo más.

Poco antes de llegar a su destino, una vecina expresó el último comentario: “¡Inhumanos! ¡Qué bárbaros esos jodidos! Los dos montados en el pobre animal. Van a matar al pobre burro!”

Entonces el abuelo y el nieto comprendieron que nunca le darían gusto a nadie.

Si el abuelo se montaba, qué desgraciado el viejo ése; si el nieto, qué desconsiderado el chavalo; si los dos jalaban al burro, qué brutos… en vez de montarse…; y cuando se montaron los dos, qué bárbaros los dos “jodidos” esos, van a matar al pobre burro.

Así es Nicaragua. Los nicaragüenses son como todos los vecinos que nunca se fijaron que lo más importante era que el abuelo y el nieto, iban a vender la excelente cosecha que tuvieron. Eso era lo más importante y no estar criticando todo lo que hacían o no hacían con el bendito burro.

Al final, después de ganarse sus “bollitos”, don Tiburcio y su nieto Carmelo se fueron de Telica. Llegaron al cerro. Al burro cansado lo llevaron al establo. Antes de dormir el burro pensó: “hombre, yo francamente que no entiendo a los nicas. Nunca se queda bien con nadie, estos jodidos no entienden que lo importante son los resultados, y que tienen que trabajar y llevar el bendito maíz a quien lo compra para exportar, y dejar de estarse fijando en babosadas, para no andar de pedigüeños por todos lados”.

El autor es secretario de la Presidencia de la República.  

Editorial
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