Mario Ruiz Castillo
Allá por los años setenta, Manolo Morales decía que Nicaragua era un país de “adas”, pero entiéndase bien, sin h; se trata de un país maravilloso, como un cuento infantil en donde todo es posible; aquí vienen, decía Manolo, funcionarios internacionales a quienes se muestra un territorio de aire acondicionado desde que salen del aeropuerto, en el vehículo, hotel, restaurante, y el colmo es que padecen frío en su corta estadía.
En muchas oficinas públicas, precisa andar chaqueta para no congelarse. Una vez un diplomático europeo, al salir de una reunión en la que estaban varios ministros de Estado, me dijo que nunca en su vida había visto tanto vehículos de lujo reunidos en un solo lugar. Como si Nicaragua produjera automotores, la Asamblea Nacional restringe la importación de vehículos usados, exactamente lo contrario a otros países en donde se grava con altísimos impuestos a los vehículos de último modelo; al parecer según los diputados nicaragüenses si no es del año es chatarra.
No una vez, extranjeros me han preguntado que si el país es frío. Al contestarles que Nicaragua está en el subtrópico, se sorprenden y explican que en las fotos de altos funcionarios siempre están vestidos de saco o con chaqueta, por lo que deducían que el clima no era templado. Otros que han visitado este terruño y luego de saborear su cálida temperatura descubren la existencia de dos países, la del frío y la de treinta y cinco grados, y mientras en el mercado miles de frutas y verduras se pierden por el calor se gastan miles de dólares para refrescar las oficinas públicas y poder utilizar chaquetas o sacos porque hace mucho frío.
En una población que camina y usa el transporte colectivo, las aceras brillan por su ausencia; se desconoce las vías propias para bicicletas y no se regula el tránsito de carretones a determinadas horas.
La construcción de edificios públicos y viviendas sigue modelos de otros climas, apenas si existen las ventanas o son éstas muy pequeñas, para eso existe el aire acondicionado, hay energía de sobra y barata; los parques o están desérticos y polvosos o llenos de cemento, bastando simplemente poblarlos de árboles; a la naturaleza que ha sido tan pródiga, se le traiciona contaminando ríos, lagos, lagunas e incluso el mar, apropiándose la gente de las costas de este último, a pesar que son públicas. En vez de descentralizar la función pública y ponerla al acceso del ciudadano en su propio barrio, se le concentra, obligando al uso del transporte y la movilización, para eso “tenemos” petróleo, además que se teme el control directo de la población, el único que limita e impide la corrupción administrativa.
Se abandonó el agro y no hay industria, se compra de todo sin tener nada que vender, ¿será por eso que Manolo Morales decía que Nicaragua es un país de adas sin h? Es decir, de paseadas, saqueadas, rateadas, guatusadas, equivocadas, politiqueadas…
El autor es jurista.