Epidemia y secreto

Douglas Carcache [email protected]

Al ocultar información, el gobierno de China Continental sólo consiguió perjudicar más a la población que ha sido víctima del síndrome respiratorio agudo y grave (SRAG) y ese hecho confirma que el secreto en el Estado contribuye a que prospere la ineficiencia.

Las autoridades de Pekín escondieron durante semanas datos sobre la propagación y los efectos de la llamada neumonía atípica, dejando así a más personas en riesgo, porque se desconocía la dimensión verdadera del problema sanitario.

Ningún medio de comunicación en China Popular dijo lo que ocurría, porque son controlados por el Estado y además los funcionarios informaban sólo lo que convenía al gobernante Partido Comunista.

Pero el espanto mundial por la plaga desató presiones contra China y el gobierno tuvo que destituir al ministro de Salud Pública y al alcalde de Pekín, la semana pasada, a quienes tildaron de negligentes, porque alguien tenía que pagar los errores.

“Tapar la verdad es más temible que la epidemia”, reconoció el periódico Beijing Star Daily, cuando se supo que sólo en la ciudad de Pekín había 339 personas infectadas, 18 muertos y más de 400 casos sospechosos de contagio. Antes, los medios estatales chinos aseguraban que eran 37 las personas infectadas y cuatro los muertos.

Al querer ocultar la magnitud de la neumonía atípica, el régimen chino se volvió a desprestigiar como en 1989 cuando ocurrió la matanza de jóvenes en la Plaza Tiananmen.

En aquella ocasión los militares chinos masacraron a estudiantes en Beijing y el Partido Comunista de China informó, a través de los medios de comunicación controlados por el Estado, que fuerzas contrarrevolucionarias habían intentado, con ayuda exterior, derrocar al gobierno socialista.

Sin embargo, periodistas extranjeros pudieron recabar historias que mostraban cómo el Partido Comunista había lanzado los tanques contra los manifestantes en Tiananmen, porque protestaban contra la corrupción y la arrogancia del régimen.

Ahora la epidemia de la neumonía atípica ha vuelto a mostrar en China cómo los gobiernos, al ocultar información e impedir la libertad de prensa, le causan más daño a la sociedad civil.

Los gobiernos nocivos dependen del secreto para sobrevivir, porque con éste prevalece la ineficiencia, la corrupción y el derroche, afirma Richard Calland, un especialista sudafricano en “democracia abierta” y autor del libro “El Derecho a Saber, el Derecho a Vivir: Acceso a la Información”.

“El secreto es tanto función como efecto de los gobiernos antidemocráticos”, sostiene Calland, quien recuerda que durante la era del apartheid el gobierno sudafricano suprimía el acceso a la información, los funcionarios respondían a las investigaciones con hostilidad o con desinformación, y coartaban la libertad de prensa censurando reportajes o prohibiendo y confiscando publicaciones.

Por eso, el acceso de la población a la información pública es clave para que avance la democratización en cualquier país, porque sólo de esa forma los ciudadanos pueden examinar las acciones de su gobierno, discutirlas con dominio y defenderse cuando les afecten.  

Editorial
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