Juan Bosco Cuadra [email protected]
La mentalidad norteamericana, después del 11 de septiembre de 2001, ya no es la misma. Hay una demostración palpable de su poderío militar ahora con el triunfo sobre Saddam Hussein y su régimen dictatorial de más de veinticinco años. Ésta ha sido la respuesta de Estados Unidos a aquellos países que no sólo violan los derechos humanos fundamentales contra sus propios pueblos, sino que también han pasado a enrolar las filas del terrorismo internacional. Así de sencilla es la política actual norteamericana.
Que existan macros intereses económicos, así como hegemónicos desde el punto de vista de la política internacional, eso nadie lo pone en duda. Lo malo sería creer que solamente los intereses del “petróleo”, por ejemplo, ha sido lo que ha movido a esta nación a desplegar un contingente de más de un cuarto de millón de militares sobre todo el territorio iraquí.
Que toda guerra tiene su costo tanto en vidas humanas (que es lo más valioso) como en lo económico, eso no quiere decir que, detrás de bastidores, todos esos “intereses” se estaban fraguando aún antes de que los Estados Unidos le declarara abiertamente la guerra a Saddam Hussein.
Las ideologías de corte “izquierdista” han hecho su agosto trayendo a sus filas a una gran cantidad de incautos y, lo que es el colmo, enarbolando, “hipócritamente”, la bandera de la paz.
El domingo 13 de abril leí tres artículos en esta página de Opinión: uno de Mario Vargas Llosa, otro de Enrique Krauze y el tercero de Peter Bernal. La visión de este último me pareció la más objetiva, ponderada y sensata.
Mientras que la de Vargas Llosa y Krauze, extremadamente “prejuiciadas”. No quedé claro de la posición de Vargas Llosa cuando, por un lado dice que “A diferencia de los Estados Unidos, la Europa postmoderna no quiere ni tiene los medios para ‘liberar’ el mundo y para enfrentar militarmente los peligros que amenazan a Occidente”. De acuerdo. Pero, más adelante, sale a relucir su prejuicio antiamericano cuando dice: “Es verdad que los Estados Unidos es una sociedad democrática, pero, por el rígido camino de las ‘políticas de poder’, esa democracia crispada, beligerante y arrogante podría entrar en bancarrota más pronto que tarde. Porque la democracia no implica sólo que haya elecciones y funcione el equilibrio de poder y la libertad de expresión para consumo interno; también que en el entramado de las relaciones con los demás países prevalezca la misma suma de valores, libertades y derechos que constituyen la cultura de la libertad”. Como si esto fuera posible hacerlo con países que violan sistemáticamente los más básicos y elementales derechos humanos. De modo que una actitud como ésta conduce a un verdadero callejón sin salida, porque no da una alternativa ni mucho menos una esperanza para poder detener esos peligros que amenazan a Occidente. Esta actitud de ambigüedad y ambivalencia es clásica en los latinoamericanos, especialmente en los del Cono Sur.
En diciembre del año 2001 me tocó viajar a la Universidad de Harvard a hacer una investigación sobre mi tesis doctoral. Yo tenía muchos años de no viajar a los Estados Unidos, por lo que mis impresiones iban a impactar bastante en lo que a continuación voy a exponer.
Lo primero que me impresionó sobremanera fue esa “neurosis colectiva” que se respiraba por doquier en torno a un solo hombre: Ossama Bin Laden. Me pareció enfermizo que toda una nación estuviera persiguiendo a un solo hombre y, lo que era aun más triste, sin saber nada o casi nada de su paradero. Se respiraba también una especie de frustración de paranoia colectiva. Me dije a mí mismo: Algo está sucediendo. Posteriormente llegué a decir: El gigante americano aún no se recupera de sus profundas heridas perpetradas cobardemente por aquellos terroristas del 11 de septiembre.
Ahora recuerdo, después de un año, la respuesta que dio Estados Unidos, durante la segunda guerra mundial, al Japón después del ataque de Pearl Harbor: las bombas de Hiroshima y Nagasaki que pusieron fin a esa guerra. Ahora, la guerra que hizo Estados Unidos contra Saddam Hussein y su régimen, puede ser perfectamente interpretada, como la respuesta a los ataques a los Torres Gemelas.
Esta es una de las causas psico-sociales y políticas de esa guerra, que, gracias a Dios, no fue tan larga ni tan sangrienta como la de Vietnam y Corea. Aunque parezca una paradoja cruel, la tecnología militar que posee ese envidiado país, ha ahorrado muchas vidas. Y esto lo puedo decir desde dos puntos de vista nada despreciables: en primer lugar, porque ha ahorrado al pueblo de Irak seguir siendo víctima de ese régimen; y, en segundo lugar, ha tirado por la borda las clásicas guerras convencionales que, de seguro, si se hubiera dado este tipo de guerra, las víctimas hubieran pasado a ser de 100 a 200 mil entre civiles y militares.
Aunque esto parezca ser una apología de la guerra, no me pesa decir lo que pienso y siento como hombre de paz. La guerra es un mal necesario y es importante que, cuando se tome un partido, sea con claridad y lucidez meridiana, algo que no hicieron muchos Estados latinoamericanos cuando decidieron no apoyar a la coalición. Nicaragua, entre otros países centroamericanos, dio en el clavo dando su apoyo a los Estados Unidos y a Gran Bretaña. Prontamente veremos los frutos.
Los llamados “pacifistas”, en cambio, llegaron a decir que era una verdadera vergüenza tal decisión, como si no existieran las guerras que los mismos dictadores provocan, sean éstos de derecha o de izquierda. Un Hitler, un Mussolini y hasta un Somoza enrolan estas filas.
A estos señores lo que más les ha dolido es ver caer esa estatua de Hussein trayéndoles a la memoria los recuerdos cuando ellos mismos, con un arma en la mano y con una cuerda en la otra, botaban al famoso “caballo de Somoza”, en representación también de la caída de este tirano. Como si los dictadores o tiranos fueran justificados por un tipo de ideología.
¡Hasta dónde llega la hipocresía del ser humano! Los que antes decían que solamente por las armas se podía tumbar al dictador y que, posteriormente estando ellos en el poder, defendían con las armas una revolución ficticia, ahora se les ve defender con virulencia la paz, como si alguna vez ellos la han tenido y disfrutado.
Si se quiere comparar a los Estados Unidos con el imperio romano, un Padre de la Iglesia Católica, San Agustín, puede dar muchas luces al respecto. Agustín, además de ser latino, admiraba al imperio romano, no tanto por su poder militar que por su organización imperial. Él veía en este imperio la institución por antonomasia mejor organizada que se conocía, especialmente en lo que se refiere al marco legal en el que se desenvolvía, en el que se desarrollaba y se expandía. En otras palabras, era la institución más idónea para ser imitada por la Iglesia Católica. Ahora por la historia conocemos, que su caída fue más que todo por la corrupción de sus costumbres, más que por los enfrentamientos militares con los bárbaros.
Es cierto que hay una decadencia moral y hasta cultural en Occidente, y en esto le doy la razón a Vargas Llosa, pero existen otros peligros verdaderamente serios que amenazan y para ello, hay que poner el “dedo en la llaga”. Personalmente creo que la nación del norte tiene una gran misión que cumplir. Todo poder humano, y esto no nos cuesta aceptarlo, es “per se” arrogante y, en nuestro caso, la fuerza y el poderío militar norteamericano, que es la más poderosa, y aunque les duela a algunos, es la más, entre todas, civilizada del mundo.
Las recientes intervenciones que ha hecho EE.UU. en Kosovo(Yugoslavia), Afganistán, Kuwait, Panamá y Granada, muestran a las claras su poderío hegemónico civilizador.
Para terminar, los verdaderos enemigos de la humanidad, además de ser estos dictadores, que solamente por las armas han sido tumbados, son, como todos ya saben: el narcotráfico internacional, la corrupción de la sociedad y de los Estados, y el flagelo del terrorismo. A este último, sépanlo tanto los de derecha como de izquierda, solamente la inteligencia, la organización y el poder militar les pueden hacer frente.
El autor es asesor del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes.