En torno a la problemática tributaria

Sergio Vélez Astacio

La tributación no es un fin en sí mismo. Es una herramienta de la política económica. Ésta, a su vez, es un instrumento del quehacer gubernamental al servicio determinante de un objetivo: la calidad de vida de la mayoría de la población.

La política económica tiene como meta generar empleo de calidad y así propiciar un nivel per cápita de ingreso que permita atender las necesidades básicas de salud, educación, vivienda y cultura de los diversos estratos sociales. En otros términos, permite que todo ser humano pueda realizarse como persona.

Lograr la difusión del bienestar exige un crecimiento sostenido de la actividad productiva. Éste, a su vez, requiere una estructura económica competitiva (que tenga mercado). Las sociedades en vías de desarrollo reflejan un ciclo de cuatro etapas: “crisis-ajuste-crecimiento temporal- desaceleración… (se regresa a la crisis)”, el cual responde a una estructura económica desarticulada.

El desafío del desarrollo radica en cómo transformar la estructura arcaica en una competitiva. Para ello se requiere de una política económica con dos objetivos complementarios: la estabilidad macro-económica y la equidad.

El mecanismo para alcanzar el segundo objetivo es la política fiscal, que en cuanto a ingresos se sustenta en el principio de equidad real y en cuanto al gasto es redistribuida, aplicando recursos para elevar la productividad de la economía.

La política tributaria es una moneda de dos caras intrínsecamente unidas: el sistema y la administración. Una reforma integral implica actuar simultáneamente en ambos frentes.

Un sistema eficiente debe considerar los siguientes principios: neutralidad económica; simplicidad en la definición de sujeto y base gravable; masificación (eliminación de exoneraciones e incentivos, tasas razonables); y equidad real; todos los agentes económicos con capacidad de hacerlo, pagan la misma proporción sobre sus recursos.

Respecto al sistema no existe una receta de validez universal. El sistema óptimo para cada país depende de su realidad socioeconómica. En términos referenciales puede plantearse un sistema constituido por un impuesto general agregado, un tributo selectivo al consumo, el arancel y un impuesto a los ingresos.

La administración es el arte de procesar, analizar oportunamente información y fiscalizar con incorruptible honestidad a partir de ella. Exige una institución cimentada en un capital humano signado por excelencia ética-técnica, y un eficaz soporte de informática. Obtener tal nivel de calidad del capital humano implica disponer de un sistema de gestión de recursos humanos basado en el principio de productividad, cuya implementación supone autonomía financiera y administrativa. Asimismo, requiere de un sistema de control basado en el principio de responsabilidad en base a resultados.

Por conocimientos y capacidad, la Administración Pública debe desempeñar un rol insustituible en la definición del sistema tributario.

Y finalmente, donde hay corrupción se debe poner honestidad, donde hay escepticismo se debe sembrar credibilidad y así reemplazar la frustración por la esperanza.

El autor es especialista tributario.  

Editorial
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