Nicaragua, EE.UU. e Irak

Bárbara Moore

Las buena relaciones entre nuestros países han florecido especialmente en esta década pasada, durante la cual Estados Unidos ha trabajado con Nicaragua para ayudar a consolidar la democracia, aliviar la pobreza y mejorar los servicios de salud y educación. Para mí, es motivo de orgullo cómo mi país respondió a Nicaragua y sus vecinos en su hora de gran necesidad después del Huracán Mitch, y cuánto se pudo lograr trabajando juntos como compañeros en una crisis humanitaria. Esto es lo que los amigos esperan unos de otros.

Los nicaragüenses a menudo han reciprocado esta amistad. En los días y semanas después del 11 de septiembre, esa expresión de amistad de Nicaragua a los EE.UU. fue más fuerte que nunca antes. Mi país aprecia el apoyo que Nicaragua le dio en ese momento y ahora, cuando luchamos contra aquellos que practican y exportan el terror. Este es el momento en el cual los nicaragüenses han demostrado su amistad, no sólo cuando hemos brindado nuestra asistencia, sino también cuando estamos tratando de eliminar la amenaza que las proscritas armas de Saddam Hussein representan para el mundo.

Ahora aplaudimos la adhesión de Nicaragua a la coalición mundial que se formó para eliminar la amenaza planteada por el régimen de Saddam Hussein. Y esperamos la participación de Nicaragua en una forma constructiva en el esfuerzo mundial para traer esperanza y recuperación al pueblo iraquí, el cual ha sufrido infortunios y terrores inimaginables por demasiado tiempo a manos de Saddam Hussein.

En cuanto a esto, no se le va a pedir a Nicaragua que aporte costos que exijan recursos de una economía todavía en recuperación. Pero Nicaragua ciertamente tiene experiencia en áreas como el desminado o la respuesta médica a desastres que pueden compartir con el pueblo iraquí en su hora de necesidad. Al hacer esto, los nicaragüenses pueden tener la satisfacción de ver a su país hacer una contribución real a la construcción de la paz y el bienestar en una parte del mundo que solamente ha conocido la más oscura opresión bajo Saddam Hussein.

Déjenme compartir la visión que tienen los Estados Unidos y sus muchos amigos y aliados en la Coalición para el nuevo Irak, una visión que los iraquíes acogerán una vez que estén libres del yugo del terror bajo el cual han vivido.

Buscamos un Irak libre y democrático, unificado y respetuoso de todos sus diversos pueblos y tradiciones religiosas.

Buscamos un Irak que no tenga armas de destrucción masiva y que vivirá en paz con sus vecinos.

Buscamos un Irak que está en el camino hacia la prosperidad, y que puede soltar los talentos de su pueblo para trabajar en libertad, para reconstruir un país que una vez fue un centro intelectual y económico del mundo árabe.

Finalmente, buscamos un Irak donde el petróleo iraquí le pertenece a todo el pueblo iraquí y es utilizado únicamente para su beneficio. La guerra no sucedió a causa de un deseo de mi país de controlar los recursos petroleros de Irak, sucedió porque después del 11 de septiembre el lujo de ignorar la amenaza que representaba Saddam Hussein dejó de existir.

Sabemos que la transición del reino de terror de Saddam no será fácil y los sufrimientos de la guerra serán difíciles de superar. Debido a esto, estamos comprometidos a quedarnos en Irak, como dijo el Presidente Bush, el tiempo que sea necesario, pero no un día más.

La etapa inicial post-conflicto se enfocará necesariamente en ayuda humanitaria. Hasta ahora, hemos destinado unos 520 millones de dólares para asegurar que las necesidades inmediatas del pueblo iraquí sean satisfechas. Es cierto decir que apenas estamos comenzando y que, trabajando muy de cerca con el resto de la comunidad internacional, estamos comprometidos a ver que Irak reciba todo el apoyo humanitario inmediato que necesita.

Una vez que la situación interna en el país haya sido estabilizada y las necesidades humanitarias más urgentes de la población hayan sido atendidas, Irak comenzará su fase de reconstrucción física y política. Se colocará una administración transitoria que preparará las bases para la regeneración económica de Irak y para un proceso político que permitirá a los iraquíes decidir por ellos mismos que tipo de estructura política quieren adoptar.

El período de transición terminará cuando un nuevo Irak esté listo para emerger. Todavía nadie puede predecir cuanto tiempo tomará esto, pero se llevará a cabo lo más rápidamente posible. Al final, Irak tendrá un gobierno que es representativo de su pueblo, un gobierno que garantiza los derechos civiles y humanos fundamentales de su pueblo entero.

Irak tendrá una economía renaciente y su pueblo será el que reciba los beneficios que fluyen de su riqueza petrolera. Vivirá con confianza dentro de las mismas fronteras que tiene ahora, y sus fuerzas de seguridad proveerán orden y seguridad, en vez de opresión y terror. Sobre todo, será un país que puede aspirar una vez más a ser un gran centro de humanismo y aprendizaje en el mundo árabe.

Esta es una gran tarea pero estamos comprometidos a cumplirla. Necesitaremos el apoyo de Nicaragua junto con el de otros países amigos de todo el mundo, e instituciones internacionales, para lograr un Irak y un mundo más seguro y mejor. De esto es de lo que se trató la guerra.

La autora es Embajadora de EE.UU. en Nicaragua.  

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