Amalia Morales [email protected]
Mientras civiles iraquíes sucumben a los bombardeos de los aliaDOS (Estados Unidos e Inglaterra, nada más) en Nicaragua decenas de desempleados sucumben al disparate presidencial de viajar a Irak tan pronto acabe la invasión y comience la ocupación.
Fugarse. Huir del perseguidor: el desempleo. Es una opción a la que parece apostar, más que un puñado de nicas, el propio gobierno.
Si se hacen cálculos, al gobierno le favorece que más nicaragüenses se vayan del país a buscar vida en otra parte.
Extraoficialmente, se estima que hay un millón de nacionales en Costa Rica y poco más de medio millón en Estados Unidos, que mandan alrededor de 800 millones de dólares al año al país, probablemente más de lo que aquí se produce, pues de granero de Centroamérica sólo el apodo va quedando.
Ahora hay 310 personas que se apuntan a la nueva empresa: el Irak de la posguerra.
En términos económicos es más productiva la ausencia que la presencia. Y eso alivia la gestión del gobierno. Lo desentiende de la pesada promesa de crear condiciones en el país para la generación de trabajo, el mayor anhelo de los nicaragüenses.
Conste, tener trabajo es un deseo por encima de la lucha anticorrupción, al fin de cuenta, ¿de qué sirve echar presos a los delincuentes, si no se recupera lo robado? Más que nada, eso es un consuelo moral, pero de aire no vive el hombre.
Y para la genialidad de Irak, ¿por casualidad alguien del gobierno o del cuerpo de asesores del mandatario ha estimado los costos de traslado desde Managua hasta Irak?
En una rápida consulta sobre el costo del boleto aéreo de Managua-Kuwait (porque a Irak no se registran vuelos ahorita) el pasaje por cabeza cuesta 2,900 dólares. Una cifra nada despreciable, que no incluye los costos de estadía, por supuesto. Apuesto que los estrategas de la posguerra, sí lo harían antes de aceptar la sobrada, perdón, la “bienintencionada” ayuda nicaragüense.
Con semejante costo del pasaje, uno piensa que probablemente sea más caro el traslado que lo que un nica vaya a ganarse allá.
Otro cosa ¿qué es lo que un nica podrá hacer en Bagdad? El presidente y el ministro del Trabajo lo han dicho claro: labor humanitaria, que se traduce en reconstrucción, o más claramente en servir de mano de obra, lo que más se exporta hoy en día. ¡Qué orgullo nacional! Hasta se justifica con el cuento de que el nica es muy trabajador, que claro lo es. Y para explicar la emigración se dice que es nómada por naturaleza, como lo consignara el extinto Pablo Antonio Cuadra en El Nicaragüense.
En la otra cara de la moneda, hasta antes de la guerra, Irak contaba con 24 millones de personas, 48 millones de brazos, que sin duda, los aliaDOS no permitirán se crucen, pese a las mutilaciones y el dolor. A ellos mismos les tocará reparar la devastación que otros les causen.
Sino, escuchen y vean a la vocera de los señores de la guerra, CNN: ya está en camino la operación petróleo por alimentos, que pondrá a los derrotados iraquíes a pagar los destrozos indeseados de su país.
Tomando en cuenta que hacen falta muchos “bollitos” para ir y que la utilidad de los nicaragüenses allá no sería cosa del otro mundo ¿habría entonces alguna posibilidad de que los estrategas de la posguerra pensaran en un país como éste para la reconstrucción? ¿Será que los aliaDOS como premio a la lucha anticorrupción, escuchen —si es que tienen esa capacidad— el ofrecimiento estridente de este mandatario tercermundista?
Cuesta creer que un país como Estados Unidos, productor de armas, que ha movilizado más de 200,000 soldados a miles de kilómetros de su territorio necesite de la cuadrilla desminado, que ofrece el segundo país más pobre de América Latina, donde aún quedan un 40 por ciento de minas por destruir. ¡Ojalá queden exhaustos los soldados angloamericanos!
Creo que si el gobierno no es capaz de crear las condiciones para el empleo tampoco debería jugar tan falazmente con la necesidad de la gente. A menos que el mandatario, en su afán de retribuirle a la “comunidad internacional” (ojo: no son los invasores precisamente los más cooperadores con Nicaragua) esté pensando en poner esos “bollitos” y despachar a la gente a Medio Oriente. Si en eso se piensa, por suerte la Asamblea no ha dado muestras de apoyo.
Recuerdo que el mandatario se propuso ser el mejor presidente de la historia nicaragüense, pero sinceramente al paso que va, empeñado en echar a la gente del país, no le quedarán testigos.
La autora es periodista.