Cábala

Luis Sánchez [email protected]

Desde California, Estados Unidos, un lector de LA PRENSA me pidió escribir sobre la Cábala.

La palabra Cábala, de origen hebreo (qabbalah), significa tradición, en el sentido de interpretación tradicional, mística y alegórica del Viejo Testamento.

El estudioso español de las religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islamismo), César Vidal Manzanares, dice que en su origen la Cábala se refería a la interpretación oral del Talmud (Antiguo Testamento), y después se aplicó esa palabra para denominar la sabiduría mística judía.

Con el correr del tiempo se le llamó Cábala a cualquier doctrina esotérica (misteriosa, ocultista), y en particular a las teosofías (doctrinas de quienes dicen estar iluminados con la divinidad e íntimamente unidos con ella), que supuestamente revelan los misterios de Dios y del mundo.

A partir del siglo X el oscurantismo ensombreció a Europa, reinó la intolerancia religiosa absoluta y se desencadenaron las persecuciones masivas contra los herejes, brujas y judíos. Entonces la Cábala fue asociada a la magia, o “ciencia” secreta que explicaba de manera simbólica los fenómenos del universo, y pasó a ser considerada como una facultad de adivinación y capacidad de algunos iniciados para comunicarse con los espíritus.

Según los cabalistas (estudiosos y practicantes de los misterios de la Cábala), sus basamentos están en los libros bíblicos de Ezequiel y de Daniel, así como en algunos de los Apócrifos (Escrituras que no están incluidas en los Libros Sagrados reconocidos oficialmente, pero que muchas personas tienen como válidas).

Según el planteamiento central de la doctrina cabalística, Dios se encuentra en un mundo infinito y superior, mientras que la vida del hombre transcurre en un mundo inferior, finito y limitado.

Los cabalistas aseguran que gracias a sus capacidades místicas y misteriosas, ellos puede controlar los malos instintos que son inherentes a todos los humanos. Y de esa manera le restan poder a las fuerzas malévolas que se mueven en el “mundo de las emanaciones”, donde también se hallan las diez esferas (sevirot, en hebreo) divinas.

La cábala fue asociada por los exégetas de la doctrina religiosa, con la magia negra, las brujerías, los conjuros y el uso de los amuletos. Y la Cábala hebrea original desembocó en la Cábala cristiana y la Cábala musulmana, que son formas sincréticas (unión de doctrinas religiosas distintas) de poderes mágicos combinados con símbolos del Islam y del cristianismo.

La magia, en el sentido cabalístico, es la aplicación de poderes sobrenaturales que supuestamente tienen algunas personas, gracias a una relación especial y privilegiada con los espíritus. Los conjuros son versículos, números mágicos, nombres de ángeles, los siete sellos que se mencionan en el Apocalipsis, etc., que, igual que los amuletos (objetos a los que se les atribuyen cualidades mágicas), se guardan en bolsitas de cuero, se atan a un brazo o pierna, o se llevan colgados del cuello.

En esto último los conjuros se parecen al católico Escapulario (del latín scapulum, trozo de tela), que es la insignia de la Orden de los Carmelitas y que según la tradición lo tenía en sus manos la Virgen María (Nuestra Señora del Carmen) cuando, acompañada de una multitud de ángeles, se le apareció al monje Simon Stock, mientras éste oraba y suplicaba a la Madre de Dios que liberara a los miembros de su Orden, de las insidias infernales.

El Escapulario Carmelita se pone entre el pecho y la espalda y simboliza el yugo de Cristo al que se somete el creyente.  

Editorial
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