¿Vale la pena morir por Saddam?

José Antonio Peraza [email protected]

Es reconfortante que en Nicaragua todavía haya personas que quieran marchar contra la corriente y además tengan la valentía de expresarlo por escrito. Eso es difícil en un país donde la mayoría asume posiciones serviles ante el poder político, y se está a favor o en contra dependiendo del “ismo” que se sustente.

Creo que don Luis Sánchez Sancho escribe con una gran honestidad política al reconocer que está de acuerdo con las acciones que desarrolla Estados Unidos en Irak y que además, en algún momento deseó la invasión norteamericana en Nicaragua. Ya que, es muy fácil oponerse a la guerra y acusar a todos aquéllos que están —como yo— en contra de Saddam Hussein, de guerrerista.

Esta actitud trae a mi mente una reflexión política profunda expresada por Fernando Savater: “quien es capaz de pensar, toma su bien de aquí y de allá, donde lo encuentre: el resto adopta un sistema”. Parece que esa es la actitud más sana para juzgar al régimen de Saddam Hussein, pues si se adopta un sistema político determinado muy posiblemente se termine arrastrado por las trampas causales del odio y de las simpatías.

La guerra es un fenómeno político, o, como decía Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Invirtiendo la frase, significa que toda política lleva implícita su propia dosis de violencia y terror. Aquí surgen las preguntas: ¿Qué ha significado el proyecto político de Hussein para el pueblo iraquí y para sus vecinos? ¿Cuáles han sido sus logros? ¿Es Saddam un hombre a la estatura del puesto que ostenta? Más fundamental aún, pues reafirma o denigra lo más preciado del hombre, la vida: ¿Vale la pena morir por un país (léase Saddam Hussein) y por una bandera que ha sido pisoteada, principalmente, por sus mismo gobernantes? ¿Quiénes son los enemigos, los invasores o los que han atraído a los invasores?

El mejor método, en este caso, para encontrarle respuesta a estas interrogantes, es el planteado por Savater: Tomar de aquí y de allá, y reconstruir el pasado, algunas veces contra corriente como don Luis, para descubrir los aciertos hacia la vida o hacia la barbarie del sistema político de Saddam Hussein, pues casi siempre en la historia los que dicen vida siembran muerte.

El autor es politólogo.  

Editorial
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