Increíble apoyo a Hussein

Fabio Gadea Mantilla

Muchos han escrito sobre la Bagdad ensoñadora de los cuentos de Las Mil y Una Noches. A todos cuando niños los cautivó seguramente el encanto misterioso y milenario de las historias de sultanes, princesas, alfombras mágicas, lámparas maravillosas, palacios e intrigas en las cortes de los califas.

Lamentablemente, de la Bagdad de ahora no va a quedar piedra sobre piedra pues el régimen de Saddam Hussein ha puesto como escudo la ciudad y a sus habitantes, tratando de salvarse de la acción bélica de Estados Unidos y Gran Bretaña, las únicas dos naciones en el mundo capaces de defender la democracia ante la indolencia de las otras que se llaman potencias pero que contemporizan, por unos dólares más, con toda clase de tiranos. Los franceses, alemanes, rusos y chinos tienen sus intereses en Irak y prefieren contemporizar con un régimen que a la larga puede destruir al mundo, y a ellos también.

Es la misma contemporización, guardando las distancias del caso, que tienen con el tirano del Caribe, Fidel Castro Ruz, quien al igual que Hussein ha rodeado de minas todas las cárceles de Cuba, previendo una invasión norteamericana, al llegar la cual haría estallar en mil pedazos las instalaciones con todos sus enemigos políticos dentro.

Al tirano Hussein, escondido en un búnker subterráneo con paredes de más de dos metros de espesor, le importa poco la vida de los ciudadanos de Bagdad y de todo el país. Entre más civiles, mujeres, ancianos y niños caigan heridos por los ataques de la coalición, mejor para el régimen diabólico que así propagandiza a los países capitalistas como asesinos y criminales.

Es increíble que haya en el mundo tanto tonto útil gritando por las calles y levantando al aire pancartas con los retratos de Hussein y Bin Laden y quemando banderas de los Estados Unidos y Gran Bretaña. Increíble que nadie proteste por los 24 años de dictadura criminal del genocida Saddam Hussein. Increíble que nadie proteste porque este bárbaro esté incendiando los pozos petroleros de su propio país para dejarlo como tierra arrasada pues sabe que irremediablemente tiene perdida la guerra. Y más increíble es aún que nadie proteste por el genocidio brutal al que somete Hussein a todo su pueblo utilizándolo como escudo, o como carne de cañón, o como trinchera manteniéndolo prisionero en Bagdad, impidiendo su salida de la ciudad, colocándolo cerca de objetivos militares, tan sólo para que lo atacantes norteamericanos e ingleses, que respetan las leyes de la guerra, no puedan bombardear sus instalaciones.

Nadie protesta por esto. Ni siquiera los reporteros que también se vuelven tontos útiles de los tiranos en este tipo de conflictos.

Un demonio como el tirano de Irak, que ha esclavizado a su pueblo durante 24 años y que es el dueño y señor de vidas y haciendas en el país al que esclaviza, se ha convertido en el bueno de la película. Un tirano que se esconde de su pueblo y se construye decenas de palacios para que nadie sepa en cuál de ellos vive o duerme, es hoy aclamado por los tontos útiles del mundo occidental.

La imagen y el encanto del Bagdad de las Mil y una Noches ha sido roto no por quienes quieren rescatarla del salvajismo de un tirano, sino por el propio dictador, cuyo único propósito es aferrarse desesperadamente al poder. No importa cuántas personas mueran ni cuántas riquezas se destruyan. Después de él… el diluvio.

El autor es empresario radial.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí