Jairo Vanegas L.
En Nicaragua se celebra hoy, 25 de marzo, el Día del Niño por Nacer. Anprovida es sólo una de las diferentes organizaciones que el año pasado lo celebraron, realizando campañas de educación y divulgación dirigidas a adolescentes y jóvenes sobre el respeto a la vida desde el mismo momento de la concepción.
Apenas el siglo pasado será recordado por un holocausto de larga duración que se autojustifica en un magnífico eufemismo: “la interrupción del embarazo”. Ya dijo Hegel que la historia humana es el intento constante de justificar muchas cosas injustificables, nadie es medianamente inteligente si no es capaz de inventar razones para justificar cualquier cosa.
La vida nunca es más apreciada que cuando se está a punto de perderla, sobre todo si esto se convierte en una lucha diaria por alargarla lo más posible. Pero cuando se trata de la vida que ha nacido en el vientre materno por la concepción, no es difícil para algunos propiciar su muerte, bajo el pretexto de salud de la madre, pobreza, madre soltera, violación, deformidades, incluso porque la madre lo solicita pues es dueña de su cuerpo.
Pero aún es peor cuando la manipulación enarbola encuestas en las que la misma sociedad pide la condena a muerte del no nacido, o sea que la mayoría opina que se debe practicar el aborto. El hecho es que la verdad no consiste en la opinión de la mayoría y ni es el común denominador de las diferentes opiniones. Si millones de personas comparten los mismos vicios éstos no se convierten en virtudes; y el hecho de que se compartan muchos errores no convierte éstos en verdades. Invocar a la mayoría como criterio de verdad equivale a desperdiciar la inteligencia.
Cuando la policía peruana atrapó al creador de Sendero Luminoso, Mario Vargas Llosa se apresuró a declarar su oposición a la pena de muerte. Y cuando el periodista le recordó que la mayoría de los peruanos aprobaban esa condena, el escritor respondió tajante: “La mayoría está equivocada. La minoría lúcida debe dar una batalla explicando que la pena de muerte es una aberración”.
La historia demuestra que el ser humano ha estado mayoritariamente de acuerdo en colosales disparates, consensos tan absolutos como injustos, como el consenso social sobre la esclavitud, la democracia misma ha permitido que personajes como Adolfo Hitler llegara al poder, la mayoría del pueblo alemán lo escogió como su líder pero esto no significa que todo el pueblo alemán estuviera de acuerdo con lo que hizo con los judíos, que aplicara la eutanasia a los retrasados mentales, niños deformes para preservar la raza pura, y fueron las leyes las que permitieron esto y muchas cosas más. Por eso dice José Antonio Marina, autor de libros de ética, “los consensos puramente fácticos no bastan para legitimar nada”.
Los últimos adelantos de la ciencia permiten afirmar que desde la unión del espermatozoide con el óvulo (la concepción) existe un individuo de la especie humana. Existen cuatro características fundamentales que permite comprender mejor lo anterior: La novedad biológica es que al fundirse el óvulo y el espemartozoide nace algo biológicamente único e irrepetible. La unidad, el producto de la concepción responde a un centro coordinador, el genoma humano. La continuidad, no existe ningún salto cualitativo desde la fecundación hasta la muerte y la autonomía, el genoma del embrión es quien pide a la madre lo que necesita, estableciéndose un “diálogo químico”.
Por lo tanto no se trata de tu moral o de mi moral, de tu opinión o mi opinión, de ser católico o evangélico, de leyes o de derechos. Se trata de buscar la verdad, sencillamente, del reconocimiento y el respeto a la vida de un nuevo ser.
En este día se puede hacer honor al niño por nacer siendo gentil frente a la necesidad de una mujer embarazada, evitando que haga fila, cediendo el asiento, ofreciéndole una silla cómoda en el trabajo, pidiendo a los diputados promover una mejor asistencia sanitaria. El médico debe comprender que atendiendo a una mujer embarazada contribuye a la continuidad de la vida. El personal de salud debe brindar asistencia especial evitándole situaciones incómodas, y crear lugares cómodos para la espera a la consulta.
Si es transportista debe entender que una mujer embarazada necesita más tiempo que los demás pasajeros para abordar el bus, pues carga con su propio peso y el del bebé, debe evitar hacer maniobras bruscas que podrían causar severos daños al bebé.
Finalmente, hay que decir “Sí a la vida y no al aborto”.
El autor es máster en salud pública, ambiente y desarrollo humano.