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Durante una reciente estancia en Managua, el diario LA PRENSA dedicaba un trabajo especial al intento de los conservadores nicaragüenses de recuperar vigencia. Este antiquísimo partido conmemoró el cincuentenario de la fundación de la Juventud Conservadora (1952-2002) que fue, en su momento, un intento de renovación de la corriente política de figuras de la importancia histórica de don Emiliano Chamorro, uno de los clásicos caudillos de la región. Según Emilio Zambrana, el historiador José Joaquín Cuadra Cardenal “sostiene que (los viejos conservadores) se fueron convenciendo de que la lucha era cívica, la lucha electoral era la correcta…” y describía así los cambios de táctica adoptados por el conservadurismo “nica”. Muy bien.
En nuestro tiempo hemos visto cómo ya no se sostienen con firmeza principios que dieron lugar al conservadurismo tradicional. Claro que el siglo XXI no es el XX y mucho menos el XIX en muchos aspectos. Por un lado, las izquierdas y las derechas se presentan ahora como “centro-izquierda”, “centro-derecha” o “progresistas”. Ahora preferimos hablar de “neoliberales”, de “antiguos comunistas” y de “moderados”. ¿Afectará todo esto la continuidad histórica de los partidos políticos? Todos tendrán que adaptarse a nuevas situaciones y las agendas no son las mismas, pero si algunos se identifican todavía como “conservadores” sería interesante determinar si en realidad lo son. Por ejemplo, es cierto que quedan muchos de ellos en temas de moral y si existen muchísimos movimientos que defienden la integridad de esos valores, pero otros prefieren un llamado “respeto” al aborto, la clonación o hasta las preferencias sexuales” asuntos para ellos “políticamente correctos”. Mientras tantos en temas económicos no se consideran conservadores sociales o morales y, por lo tanto, siguen adelante hasta con una política de defender las restricciones a la expansión del gobierno: menos gastos, equilibrio de entradas y salidas, una defensa poderosa, transparencia y todo lo demás.
Ahora bien. ¿Puede considerarse conservador un gobierno que promueve un creciente déficit presupuestario? ¿Hasta qué punto existe relación entre un conservadurismo moderno que favorece la creación de nuevas agencias burocráticas y las enseñanzas básicas del movimiento conservador? ¿Volveremos acaso a la edificante escena del ex presidente Ronald Reagan, en uno de sus discursos en el Capitolio, recibiendo un presupuesto nacional que lo desequilibraba todo fiscalmente y al que llamó, correcta y valientemente, “muerto al llegar” al vetarlo? Y si volvemos a la moral, ¿es acaso “conservador” un gobernador del noreste del país que acepta un premio como defensor de los homosexuales?
Y no piense alguien que nos estamos apartando de América Latina porque el párrafo anterior tenga una implicación especial con políticos y casos de EE.UU. Al sur del Río Grande han surgido formas “populistas” de conservadurismo parecidas a las estadounidenses. ¿Es posible defender los sectores empresariales y al mismo tiempo atraer votantes con los métodos de los “populistas” del pasado? ¿Recuerdan al peruano Fujimori? Éste se consideraba, a la vez “conservador” y “populista” con su partido Cambio 2000. Por supuesto que existe tal posibilidad, pero por lo menos debe plantearse un mínimo de reflexión ante a la gran pregunta: ¿“Dónde están los conservadores en América”…dónde?
Por difícil que sea responderlo, hay algo que sí podemos afirmar, que existen todavía. Pero que no están en el poder. Ni en la Casa Blanca de Washington, ni en la Rosada de Buenos Aires; mucho menos en la Casona de Caracas. Es más, ni siquiera en Los Pinos, residencia oficial del presidente mexicano Vicente Fox en el D.F. La rara excepción sería en el Palacio de Nariño de Bogotá, aunque el presidente Álvaro Uribe no se declara conservador. Una mirada a los gabinetes ministeriales de gobiernos que en un tiempo tuvieron base política conservadora nos revela que hay “de todos como en botica”. No estamos señalando la imposibilidad de que una administración con un pluralismo ideológico entre sus principales ejecutivos sea siempre inefectivo, pero sería mejor hablar de “gobiernos de coalición ideológica” que uno de “centroderecha” o “conservador. Para escoger un ministro de Relaciones Exteriores, el flamante “presidente conservador” de México acudió a la antigua izquierda, el hoy moderado Jorge Castañeta, aunque reconocemos que gracias a él se produjeron cambios que hubieran complacido a los fundadores del Partido de Acción Nacional (PAN), un movimiento originalmente conservador de “raca-mandaca”. Alguien diría inmediatamente, y no necesariamente en el caso mexicano, que las privatizaciones y el modelo neoliberal se han impuesto en muchas geografías del hemisferio. De acuerdo, pero seamos cuidadosos al ofrecer el dato. Una cosa es que existan tendencias como ésas, algo parecidas, entre otros, a las de los antiguos presidentes conservadores Jorge Alessandri en Chile y Laureano Gomes en Colombia, y otra que sean los autoproclamados conservadores de ahora los que las impongan. Muchas medidas de ese tipo han sido desarrolladas en nuestros países, pero por gobiernos que distan mucho de poder ser clasificados, en aspectos fundamentales, como conservadores tradicionales…
Las comunicaciones masivas nos obligan a regresar a EE.UU. ¿Qué hubieran pensado los grandes conservadores estadounidenses como los republicanos Nixon, Goldwater y otros del enorme déficit fiscal a partir del 2001? ¿Quién demostró un mayor grado de conservadurismo fiscal, la actual administración de “conservadores compasivos” o los “nuevos republicanos” como le llamaban a la anterior gestión demócrata de gobierno? Resultaría interesante hacer comparaciones. ¿Cuál gobierno reorganizó la administración pública creando una nueva y gigantesca agencia burocrática? Desde que Harry Truman, un demócrata sureño difícil de clasificar, unificó los departamentos de Guerra y Marina, creando el de la Defensa, se han ido creando nuevas burocracias en flamantes carteras como: Educación, Energía, Medio Ambiente, pero no se había creado nada tan gigantesco como la nueva cartera de Seguridad Nacional. No es que ésta haya sido un error, sino simplemente no se trata de una medida justificable dentro de los esquemas tradicionales conservadores. ¿Estarán los nuevos conservadores dándole la razón a “La Nueva Sociedad” de Lyndon Jonson o al “Nuevo Trato” de Franklin Roosevelt. Seguimos preguntando ¿Dónde están los verdaderos conservadores?
El autor es columnista internacional