Don Enrique y sus asociados

Alfonso Castellón Ayón [email protected]

Ahora resulta que los paladines de la libertad, héroes nacionales y virtuosos del derecho (léase: sandinistas de la nueva era) son unos políticos comprensivos, modernos y democráticos y apoyan al señor Presidente “desinteresadamente” con el único propósito de ayudarle a combatir la corrupción y a seguir el norte señalado por el mandatario.

Realmente, sorprende sobremanera a mi humilde saber y entender las cosas, semejantes declaraciones. Y lo peor: Que vengan de un hombre que en el pasado fue un férreo defensor de las libertades públicas como empresario honesto, líder de la empresa privada, victimizado por los que hoy alaba —los que le pusieron en la cárcel y lo dejaron en la calle como a miles de nicaragüenses—, no puede ser. Algo raro está pasando. Y no quisiera pensar en un nuevo pacto, el que definitivamente nos llevaría a entregar el poder a los amigos de lo ajeno y enemigos de la justicia (ajusticiadores, recuperadores de bienes ajenos, según su léxico).

Analizando fríamente el acontecer político nicaragüense, encuentro un Partido Liberal Constitucionalista vilipendiado, manoseado y desunido. Por el otro un Frente Sandinista coordinado, ejerciendo una disciplina de partido excelente, con el traje apropiado (disfrazados de corderos) a la espera de la oportunidad que el pueblo les dé, cansado de tantos políticos ignominiosos, viviendo la pesadilla del desempleo, hambre, falta de oportunidades y para colmo aguantando el coletazo de una economía mundial decadente que golpea a moros y cristianos.

Con estas circunstancias agravantes veo a un primer mandatario desconcertado dando declaraciones peligrosas (aunque no dolosas) con un equipo de asesores raros. No puede señalarle nortes, ni hacer alianzas estratégicas con el “diablo”. El adversario se encuentra en butaca principal, preparado para entrar en acción súbita o premeditadamente, no importa la forma. Esto sería como recomendar el cuido del queso a los ratones.

Don Enrique no está solo, debe pensar un poco más en el pueblo de Nicaragua para que realice el deseo de ser el mejor Presidente o Estadista que haya tenido nuestra patria. Puede y tiene la oportunidad de ser recordado como el hombre que acabó con la miseria de Nicaragua, que levantó al país haciéndole figurar en los primeros puestos de países en desarrollo: mejorando el ingreso per cápita, con exportaciones 5 ó 6 veces mayores al monto de las remesas; que reactivó la producción agrícola, incentivó la crianza de ganado, el desarrollo del turismo, la inversión extranjera; que redujo el índice de mortalidad infantil, el desempleo; erradicó el analfabetismo, el dengue hemorrágico, la desnutrición; mejoró el estándar de vida del nicaragüense paupérrimo; y que logró las reformas institucionales que tanto necesita Nicaragua. Recuerde que el 4 de noviembre del año 2001 fue electo Presidente con el 56.6 por ciento del voto popular en las elecciones de menor abstencionismo en la historia nacional.

Con los señores del Frente, no se puede negociar nada. Son arribistas, ambiciosos y desesperados por recuperar el poder. Ojalá que el PLC comprenda este momento histórico cooperando con el Presidente. Las elecciones municipales pueden ser el aviso para promover la unidad.

Pido a don Enrique que acepte mis críticas que no llevan más que el noble propósito de decirle lo que sus aduladores no pueden. Que la Patria le premie, son mis deseos.

El autor es Abogado y Notario.  

Editorial
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