2003, Año Internacional del Agua Dulce

Doraldina Zeledón Ubeda

¿Puedes venderme un dólar de agua
de manantial, una nube preñada,
crespa y suave como una cordera, (…)?

Nicolás Guillén

¿Para qué se utiliza el agua? Para lavar los carros y barriles en el río, para tirar la basura al lago, para descargar las aguas servidas. Para gastarla sin control. Y así se contamina hasta que ya no sirve. Sin agua la vida es imposible. No habría animales, ni árboles, desaparecerían los sistemas acuáticos.

Hay mucha información sobre la importancia del agua, su contaminación, sobre las enfermedades y hasta muertes por ingerirla contaminada; sobre la carencia de agua en muchas comunidades, y por tanto, la falta de higiene. Según información de la Cumbre de Johannesburgo, en los países subdesarrollados más de 2,200 millones de personas, la mayoría niños, mueren cada año a causa de enfermedades asociadas con la falta de acceso al agua potable, saneamiento inadecuado e insalubridad (www.cinu.org.mx/eventos).

Y la contaminación del agua no es sólo con la basura y con aguas servidas. Hay muchas actividades que influyen en su cantidad y calidad, que sin mucho esfuerzo se pueden enlistar: la deforestación por tala y quemas. Uso de plaguicidas y abonos, los regadíos que desvían o retienen las aguas y luego parte de ella regresa contaminada. El turismo no amigable con la naturaleza, también produce desechos sólidos y líquidos que van al agua. Las plantas hidroeléctricas, que desvían caudales, contaminan con aceite, etc.. La industria que contamina de diferentes formas. La explotación de minas, que pinta las aguas con residuos de cianuro, plomo, zinc, mercurio, cobre. Los sumideros, letrinas… La lista no termina.

Pero muy pronto habrá que aprender a economizarla, a usarla de forma razonable y solidaria, a comprender el valor incuestionable que tiene la gestión eficaz del agua. Con ese objetivo la ONU declaró en diciembre pasado, al 2003, “Año internacional del Agua Dulce”, para una toma de conciencia, tanto de la población como de los gobiernos. El principal evento será el Tercer Foro Mundial sobre el Agua, a realizarse en marzo, en Kyoto (Boletín ONU O2/173), y que coincidirá con la celebración del Día Internacional del Agua, el 22 de marzo.

¿Qué se hará en Nicaragua? : ¿Aprobar la Ley General del Agua?, ¿Privatizarla, subir más la tarifa, continuar contaminándola y derrochándola? ¿O evitar y denunciar la contaminación? Y no sólo de los ríos, lagos y lagunas. También del suelo, que al estar contaminado, filtra los tóxicos a las fuentes de agua, como sucede con los basureros, con muchas industrias. Creo que ya sería algo una mayor divulgación y cumplimiento de la Ley 217, Ley General del Medio Ambiente y los Recursos Naturales (artículos 72 al 94). También sería bueno conocer las diferentes leyes, reglamentos y resoluciones relacionados con el agua, lo mismo que los proyectos del gobierno para una mejor calidad de agua y el abastecimiento a los poblaciones que no cuentan con este servicio.

Hay tema para muchas campañas de información y concientización. Pero para un mejor uso del agua se necesita no sólo campañas, hace falta mejorar y ampliar la infraestructura, tanto de la red de agua potable, como de las aguas servidas; una mejor gestión en la industria, la agricultura y el hogar. Que toda la población contribuya, evitando la contaminación y el derroche del agua. Porque si no, ¿qué pasará cuando no haya agua para bañarse, para los servicios sanitarios, para lavar? Ya no digamos el agua para cocinar y para tomar. Porque es cierto, hay bastante, la superficie de la Tierra tiene un 70 por ciento cubierta por agua, pero la mayor parte es salada. Solamente el 2.5 por ciento es agua dulce, incluyendo la que está congelada de los glaciares y los acuíferos subterráneos (cinu.org.mx). Pero, según documentos de epidemiología ambiental, sólo el 1por ciento del total del agua es potable (Dr. Erwin Aguilar).

La tarea es de todos y todas. Gobernantes y gobernados. Co-gobernantes e ingobernables. Porque si seguimos así, el problema en los próximo años será por el agua y no por el petróleo. Las fuentes puras y cristalinas serán sólo bonitas palabras y añorados ríos.

La autora es consultora en temas ambientales.  

Editorial
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