Tocando a las puertas del cielo

Henry Benavides*

La reciente revelación sobre una bebé clonada como primer paso en la búsqueda de la inmortalidad, causó revuelo en todo el mundo. Pareciera ser la crónica anunciada de huestes raelianas acampando a las puertas del cielo para reclamar aquella inquietante promesa de “y seréis como dioses” con sus supuestas consecuencias funestas para la humanidad. Al menos así lo quisieran ver sus detractores; quienes se han concentrado en los peligros muy reales de este salto a lo desconocido, escogiendo si ignorar los beneficios y sobre todo el objetivo final.

La verdad es menos dramática. Este viejo sueño de la humanidad de no morir siendo joven eternamente y que nos permitiría superar de una vez por todas el existencialismo sartreano (resumido popularmente como la vida es… mucho trabajo para después envejecer y morir) no es exclusivo de los raelianos; ni tampoco su opción por la clonación es el único camino. Hasta este su humilde servidor que escribe junto con un puñado de amigos entre humo, cafeína, elucubraciones más o menos filosóficas y celebraciones navideñas decidimos auto denominarnos “Club de amigos de la inmortalidad”. Y no es que seamos los únicos.

Gente como William Haseltime, director de ciencias del genoma humano, declaró en la reconocida revista Businessweek en fecha tan temprana como 1999 que “la fuente de la juventud posiblemente la encontraremos dentro de nosotros mismos” ya que “el reemplazo celular nos podría mantener jóvenes y saludables para siempre”.

Igualmente declararon los investigadores de British Telecomunications que están ya trabajando en un aparato “cazador de almas” con la mente puesta en el día que podamos transferir los impulsos eléctricos de las circunvoluciones cerebrales que forman nuestra individualidad a circuitos de silicón convirtiéndonos así en inmortales cibernéticos.

Todo esto sin olvidar la opinión de Stephen W. Hawking, uno de los más grandes físicos que han existido y que cree en la posibilidad de que los circuitos electrónicos puedan albergar vida inteligente, y así muchos otros que no puedo enumerar por limitaciones de espacio. ¿Estarán equivocados estas “beautiful” y geniales mentes? ¡Ojalá que no! Con sus credenciales apuntan a que no.

Como se puede ver los raelianos no están solo en su búsqueda final.

Ya sea que se esté o no de acuerdo con los métodos utilizados; una cosa me parece real. La lucha por la búsqueda de la inmortalidad con clonación o no; ha comenzado. Ya no será más asunto de “científicos locos” o de “filósofos de café”. A lo mejor es hora de lanzar el grito ‘inmortales del mundo, uníos’. Al fin y al cabo no se pierde nada pues la otra opción es quedarse sentados esperando el fin.

Los raelianos podrán estar cometiendo errores en su técnica (algo lamentable de ser cierto) pero su objetivo final es valedero.

* El autor es master en Administración.
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Editorial
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