La misma retórica de ayer y de siempre

Alonso M. [email protected]

Por cuarta vez a Nicaragua se le presenta la oportunidad histórica de dar un paso gigantesco hacia su desarrollo como nación. El FMI ofrece los recursos económicos necesarios y la condonación de una gran parte de la deuda externa. Todo sería posible si los 91 diputados actuaran con dignidad, con conciencia, con patriotismo y por amor a Nicaragua, y aprobaran el veto presidencial al Presupuesto de la República.

He leído en las páginas de los diarios las declaraciones y retórica de siempre, en contra del FMI, de aquellos izquierdistas que me dan la impresión de querer mantener al pueblo nicaragüense en un estado de zozobra, sin empleo, sin salud, sin educación, etc., para mantener y conservar la hegemonía y dominación sobre las masas al no permitirles su desarrollo, instrumentalizándolas luego a favor de dizque sus “luchas” y sus “conquistas” en beneficio del pueblo que dicen irónicamente defender, confundiéndolos luego con sus discursos populistas.

Por ejemplo, el comandante Daniel Ortega dijo: “El principio constitucional de soberanía nacional, el cual incluye el derecho de los nicaragüenses de tomar y asumir sus propias decisiones sin ningún tipo de presiones, amenazas, ni chantajes, es absolutamente indeclinable e irrenunciable”.

Si don Daniel pronunciara estas mismas palabras en Cuba, su amigo Fidel lo mandaría al calabozo 30 años, o bien, si yo o cualquier ciudadano hubiéramos pronunciado ese mismo discurso en los años ochenta, cuando Ortega fue Presidente de Nicaragua, él mismo hubiera ordenado mi arresto por “contrarrevolucionario”.

De lo único que me alegro, al escuchar las palabras de don Daniel, es ver lo mucho que él ha cambiado. Pero se equivoca en confundir y manipular amañadamente lo que es la soberanía nacional con las condiciones que exige el FMI; a como se equivoca también de una manera mezquina y egoísta su compañero, el diputado Bayardo Arce, al afirmar que “no es Nicaragua quien queda mal, en todo caso quedarán mal ellos dos, Montealegre y Alonso, y los asesores que llevaron”, menospreciando la importancia de lograr la condonación de la deuda externa y la labor que ambos funcionarios hacen para beneficiar a todo el pueblo gestionando recursos frescos; recursos que brindarán confianza e inversión y por ende empleos, muchos empleos nuevos para nicaragüenses desempleados; recursos que se invertirán en salud, educación y bienestar social; recursos que no parece querer el diputado Arce, con el argumento de que “llevamos 12 años con programas del FMI y lo que hemos conseguido es más desempleo, más hambre, nuestras chavalas tiradas a la prostitución, nuestros chavalos tirados a las pandillas y a las drogas, eso es lo que nos han dejado esos programas”.

Pretende hacer creer el diputado Arce que la situación actual fue causada por el FMI, cuando es precisamente por la falta de cumplimiento a esas condiciones y parámetros, que no son más que el ordenamiento de las finanzas públicas. Y las secuelas de los gobiernos irresponsables anteriores son las causantes de que el país se encuentre en situaciones tan deprimentes como las que ilustra don Bayardo Arce.

Mas, todo lo que menciona el diputado Arce es lo que le espera a los nicaragüenses si no se reforma el Presupuesto y si no se cumplen de una buena vez las condiciones del FMI. O será que toda la retórica de los señores Arce y Ortega son un chantaje, como el primero lo admite diciendo: “para forzar al gobierno a renegociar nosotros (los diputados) ya sabíamos que tocar esos fondos del FISE y del Inifom por ejemplo, significaba un cambio de ejecutor de los programas obligando al gobierno a renegociar esos convenios” (LA PRENSA, viernes 17 de enero de 2003, página 7A).

Hay que ser serios. Estamos hablando del futuro de Nicaragua, especialmente de los sectores más humildes y desposeídos de Nicaragua.

Para concluir debo recordar que más de la mitad de la deuda externa que condonaría el FMI, fue contraída en la década de los ochenta bajo el Gobierno sandinista. Y en el caso de la deuda interna, la mayor parte es consecuencia de la piñata sandinista, sin excusar los despilfarros y la corrupción de los gobiernos anteriores, los que también tienen mucha responsabilidad en todo esto.

Los sandinistas y sus líderes deberían ser los más interesados en que el FMI inyecte recursos frescos a la pequeña economía de Nicaragua y que condone gran parte de la deuda externa. Además, ¿de qué sirve aumentar los salarios al sector público si las consecuencias de no cumplir con el Fondo serán tan trágicas para los nicaragüenses que sería inminente una devaluación de la moneda, lo que resultaría en la pérdida inmediata del poder adquisitivo del córdoba?

El autor es director nacional del Partido Conservador  

Editorial
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