Ary Neil Pantoja [email protected]
El presidente de la República, Enrique Bolaños, ha defendido a capa y espada los compromisos contraídos por su Gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI), bajo la premisa de que si no se cumple con ciertos requisitos, el organismo financiero internacional no va a soltar plata para el “progreso del país”.
En base a estos acuerdos, que yo llamo imposiciones, Bolaños vetó la Ley de Presupuesto para el presente año, quitando por ejemplo, 51 millones de córdobas que la Asamblea Nacional aprobó para las universidades. El Poder Legislativo por su parte, insiste en rechazar el veto presidencial.
Según los funcionarios del gobierno, Nicaragua necesita cumplir con las imposiciones del FMI para entrar a la Iniciativa para Países Pobres Altamente Endeudados, conocida como HIPC, y así optar a la condonación de la Deuda Externa y empezar a recibir los “recursos frescos” que garanticen el impulso económico que el país necesita.
Todo suena bien, pero si hacemos memoria, los acuerdos con el FMI en el pasado se tradujeron en la imposición de Programas Económicos de Ajuste Estructural. Los famosos ESAF, que implementó el gobierno de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro. Estos programas llevaron a severos recortes presupuestarios para el sector social, privatizaciones, despidos masivos en el sector público, cierres de pequeñas empresas e instituciones estatales, etc.
Con o sin acuerdo con el FMI: ¿Nicaragua progresará? El índice de desempleo llega a la fecha hasta un 60 por ciento (esta es una cifra extraoficial; la oficial es del 14 por ciento). Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), el año pasado 823 mil niños y jóvenes se quedaron sin entrar a las aulas de estudio de preescolar, primaria y secundaria. Este año la cifra podría pasar del millón, tomando en cuenta que la población crece a un ritmo de 2.7 por ciento, anual, de los cuales la mitad son menores de 18 años.
Desde 1990, cuando asumió el gobierno la señora Barrios de Chamorro y tras la implementación del ESAF como condición del FMI, cada vez es menor la cantidad de niños, niñas y jóvenes que tienen acceso al estudio, salud y recreación.
Las medicinas en los hospitales brillan por su ausencia. Si uno tiene suerte puede encontrar un analgésico para el dolor. Los salarios están estancados desde 1990; los productos básicos aumentan de precio, y el caso más reciente es el de la leche que pasó de 7 a 8 córdobas el litro. Es más barato tomarse una gaseosa que te mata los glóbulos rojos que un litro de leche con el calcio necesario para los niños en crecimiento.
El sector laboral informal en lugar de disminuir, va en aumento. Los niños y niñas de la calle no han desaparecido y los programas gubernamentales para erradicar este flagelo son imperceptibles por no decir inexistentes. Las instituciones de carácter social han sido reducidas a su mínima expresión y otras han desaparecido totalmente del aparato gubernamental, pero no importa, cuando existían no hacían absolutamente nada y consumían el presupuesto invirtiéndolo en estudios innecesarios e inaplicables.
Como si fuera poco, algunas funcionarios ya hablan de despidos en ministerios e instituciones gubernamentales como parte de la reducción del gasto público que el FMI impuso como condición para aflojar el dinero.
Dudo mucho que estos problemas desaparezcan en el corto o mediano plazo. Alguien podría explicarme entonces, ¿en qué consisten las “bondades” que va a traer a Nicaragua un acuerdo con el FMI?