El histórico ensanche de la Unión Europea

La celebración del 40 aniversario del Tratado del Eliseo del 22 de enero de 1963, que marcó la reconciliación franco-alemana, prácticamente se sincronizó con la histórica reunión de Copenhague del 14 de diciembre recién pasado, que aceptó el ingreso a la Unión Europea de 15 miembros más. Con ello, la comunidad regional que empezó en Bruselas el 9 de mayo de 1950 bajo el apoyo de Konrad Adenauer y Charles De Gaulle, como una cooperativa, contando apenas con seis socios, cuadruplicará sus miembros en el 2004. Incluso la UE prepara un proyecto de estructura institucional para convertirse en un Estado federal.

Este proceso fue posible porque Francois Mitterrand y Helmuth Khol, y ahora Jacques Chirac y Gerhard Schroeder, prosiguieron la tarea de estimular confianza. Estos dos gobernantes fungen como pilares de la entente europea, que ha producido durante medio siglo estabilidad, paz y prosperidad económica. Es un logro que todas las naciones del mundo celebren como reconocimiento a la madurez, previsión y eficiencia de los estadistas que la hicieron posible.

Ese conjunto de naciones se extiende hasta Rusia por el norte y a Ucrania por el este, albergando 450 millones de habitantes, sólo inferior a China comunista. Para formalizar la incorporación de los 10 nuevos miembros sólo falta el referéndum local, que se cumplirá escalonadamente a partir de abril de este año, empezando por Hungría. Según el Estatuto fundador, se requiere la aprobación de la mayoría de los ciudadanos, siempre que acuda a las urnas al menos el 50 por ciento de la población votante. Se teme que Malta no alcance aquellas condiciones.

En el campo económico los logros de la UE son impresionantes: diez mil millones de euros recogen su PIB y su comercio exterior llega a 909.5 billones de euros. Al mismo tiempo sus gastos son considerables, pues sólo la adhesión de los flamantes diez socios les costará a la UE 40.5 billones de euros, de los cuales Polonia se llevó casi la mitad.

Sin embargo lo más importante son las instituciones que ha creado la Comunidad Europea: el Parlamento (que funciona en Estrasburgo); el Consejo de la Unión (integrado por los jefes de gobierno); la Comisión Europea, (órgano ejecutivo), el Tribunal de Justicia y el Tribunal de Cuentas, que garantiza la transparencia en la ejecución del presupuesto. Asimismo, dispone de un Banco Central situado en Alemania, el Comité Económico-Social y la Comisión de Defensa del ciudadano, además del pasaporte europeo para sus ciudadanos.

Pero hay asuntos importantes pendientes de resolver. Hay una fuerte recesión mundial y aún no se sabe cuánto valdrá el financiamiento del desnivel económico de los recientemente entrados, lo mismo que los límites finales de la Comunidad Europea en el sentido que se regirán criterios geográficos, económicos o sociales para definirlos, como el caso de Turquía y eventualmente la Federación Rusa. También está pendiente el tipo de Estado que adoptará la UE. Esta vez Alemania ha tomado la iniciativa de proponer, a través de su ministro del Exterior, Joschka Fisher, una federación con dos cámaras y elección directa del presidente. Alemania es la que lleva el mayor peso de la carga, pues baste mencionar la ingente subvención que reciben los Landers del Este. Otro problema es la reforma del subsidio agrícola. En todo caso, para Giscard d’Estaing la UE debería conservar su identidad tradicional centro europea.

Un asunto escabroso es la relación político-militar de la UE con la OTAN, después de los bombardeos a Kosovo sin autorización, y recientemente, la actitud frente a la invasión a Irak que propone el presidente Bush. Tanto Chirac como Schroeder prefieren esperar el informe al Consejo de Seguridad que rendirán los inspectores que dirige Hans Bliz.

Respecto a las relaciones comerciales de la UE con América Latina, poco se ha avanzado, con excepción de Chile. El Mercosur insiste para firmar un Tratado de Libre Comercio con la UE que se remueva el subsidio a los agricultores europeos y se baje la tarifa aduanera a las exportaciones suramericanas. La misma queja mantiene Centroamérica que desde hace cinco años celebra inocuos foros bianuales con la UE.

Lo más importante y aleccionador que aporta la Comunidad Europea, después del fin de la Guerra Fría, es la consolidación de una fortaleza económica y política frente a un pretendido control mundial por una sola potencia, que termina manipulando los alcances de la globalización de acuerdo con sus conveniencias.  

Editorial
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