Karla Marenco L. [email protected]
Cuando se anunció hace varios meses que una mujer, la magistrada Alba Luz Ramos Vanegas, sería por primera vez en la historia de Nicaragua la presidenta de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), consideré que era algo trascendental y una oportunidad valiosa.
Ramos Vanegas significaba un triunfo para las mujeres, pero qué mal dejaron a la justicia y a las mujeres las judiciales Juana Méndez e Ileana Pérez, con la decisión de “premiar” al ex presidente Arnoldo Alemán con su “cárcel de lujo” y llena de comodidades, en vez de enviarlo a La Modelo para ser tratado como cualquier reo común.
Como ciudadana y mujer lamenté esa decisión y me causó repulsión. Como estudiante de derecho me decepcioné que dos juezas que están al frente de tan importantes judicaturas hayan actuado como marionetas de sus representantes políticos. ¿De qué sirve que hayan pasado por una universidad, que estudien tanto las leyes, que invoquen los principios constitucionales y demás leyes, si los aplican al gusto y antojo de los intereses políticos de terceros?
A finales del año pasado la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Centroamericana organizó una cátedra abierta titulada “El Papel de las Mujeres en la Administración de Justicia”, en la que participaron los magistrados de la CSJ, Alba Luz Ramos y Francisco Rosales, y los jueces Juana Méndez y Sabino Hernández.
En esa cátedra conocí, de acuerdo a las estadísticas oficiales del Poder Judicial, que la justicia en Nicaragua tiene “rostro de mujer” porque el 58 por ciento del personal de este Poder del Estado es del sexo femenino y muchas mujeres ocupan judicaturas importantes.
Fue sumamente interesante la retrospectiva hecha por la doctora Alba Luz Ramos en esa ocasión, de cómo las mujeres profesionales del derecho conquistaron espacios y rompieron esquemas en un mundo donde impartir justicia era una tarea reservada exclusivamente para los hombres.
Según Ramos, la primera mujer juez en Nicaragua fue la juez suplente Joaquina Vega, en el Juzgado Local Único de Matiguás, Matagalpa, allá por el año 1948. Y es esta misma mujer la que un año más tarde fue nombrada presidenta del Comité Femenino Pro-Voto y Presidenta de la Federación de la Mujer, en aras de conseguir que las mujeres pudieran ejercer su derecho al sufragio, para elegir a las autoridades que regirían los destinos de Nicaragua en esa época.
En 1951, se nombró a la primera jueza local propietaria en el Juzgado Primero Local de Managua, y fue 14 años después, en 1965, que se nombró a la primera jueza de Distrito en Nicaragua. Casi dos décadas y media después, en el país existían nueve juezas locales, dos juezas de Distrito y una magistrada en la CSJ, la doctora Vilma Núñez de Escorcia. La ocupación de estos puestos parece haber sido vertiginosa con el triunfo de la revolución de 1979, sin embargo, siempre las sillas más importantes, donde se tomaban las decisiones trascendentales en materia de justicia, estaban reservadas para los hombres, hasta el año pasado que una mujer ocupó la presidencia del Supremo Tribunal.
A la mujer le ha costado ocupar espacios en puestos de poder trascendentales, especialmente en el Poder Judicial. Las señoras Juana Méndez e Ileana Pérez deberían darle valor a esta conquista y seguir luchando por limpiar a la justicia del lastre de la corrupción, dejar en alto a la mujer impartiendo justicia apegadas a derecho y de una forma intachable, y no hacer lo contrario, pues decepcionan al pueblo que una vez más comprueba lo corrupta que está la justicia cuando se trata de los poderosos y los políticos.
En el evento mencionado de la UCA un grupo de estudiantes nos quedamos con las intenciones de preguntarle a los participantes si la percepción de una justicia corrupta y carente de valores, cambiaría si la CSJ estuviera ocupada por una mayoría de mujeres magistradas y no de hombres magistrados. Creo que las juezas Méndez y Pérez contestaron esa pregunta con hechos, la respuesta hasta el momento es: no.
Por lo menos una mujer ha dejado claro que sí se puede impartir justicia: la jueza suplente Gertrudis Arias, con su histórica sentencia en el famoso caso del Canal 6, pero desafortunadamente juezas como ella son una excepción en nuestra realidad.
La autora es periodista