Augusto Zelaya Ú[email protected]
Los diarios han dado espacios a la no feliz iniciativa de aumentar la educación secundaria en un año, con la justificación de que los alumnos que ingresan a las universidades van mal preparados. En varios países, se indica, lo están haciendo y eso justifica la medida. ¡Dios nos libre! Al leer esa noticia me acordé de un viejito jinotegano amigo mío que no podía meter sesenta atados de dulce en un zurrón. Y no los podía meter porque los colocaba desordenados. Para resolver el problema usó dos zurrones y, según él, ya había solucionado el problema. En realidad, lo que necesitaba mi amigo era meter los atados en un solo zurrón, pero en forma ordenada. Ese mismo error puede cometer el Ministro de Educación si hace realidad la medida del VI Año. Los cinco años de estudios no tienen nada que ver con lo malo de nuestra educación. Son otros los factores que causan el mal: los contenidos programáticos que necesitan ser modernizados; los maestros que están tan mal pagados y que abandonan el sistema y se va quedando lo no mejor, para usar un eufemismo; los materiales educativos y la supervisión; el desfase entre la secundaria y la universidad… en fin, este espacio no aguanta el análisis apropiado. Esas son algunas de las causas de la triste situación de la educación en Nicaragua… Y algún “asesor” brillante se le ocurre sugerir al Ministro que aumente un año a los cinco ya establecidos. Buscar otro zurrón para que alcancen los mismos sesenta atados de dulce. Como si el alumno y los padres de familia tuvieran la culpa.
Aumentar en un año la secundaria bajaría aún más nuestra ya subterránea tasa nacional de escolaridad que está en un tercer grado; algunos dicen que es cuarto grado. Ahora, los alumnos deberán cursar seis años para aprender lo que debieran saber en cinco. Pero, no es sólo un año más. Es que la economía familiar, de por sí ya destrozada, va a ser atacada por el mismo gobierno. El Ministro debe conocer que un año de escolaridad de una nación cuesta, aproximadamente, el 20 por ciento de su PIB. Atender a un alumno en secundaria cuesta entre 150 y 175 dólares anualmente… ¡Échele la pluma!… Si autoriza esa desafortunada medida, estará haciendo perder al país, varios cientos de millones de dólares anuales. Una pésima acción, casi tres veces más grave que la jugadita que hicieron los muy inteligentes Centeno Roque a nuestros muy preparados gerentes bancarios. ¿Se imagina el señor Ministro cuántos años pasarán para que otro titular de Educación pueda desfasar ese entuerto? ¿Cuánto habremos perdido para entonces? Y el ministro De Franco sería recordado no como el que creó nuevas tecnologías y métodos para que los jóvenes y adultos avancen más rápido en el Sistema Nacional de Educación, sino como el que atrasó al país.
El doctor De Franco debe perdonarme que use este prestigiado diario para hacerle mi llamada de atención; una fraterna y sincera llamada. No tengo otro medio ya que he tratado de hablar con él por variadas formas, sin resultados positivos. Hasta con su hermano quise hablar, pero… imposible. Con aprecio y respeto, pero profundamente preocupado le prevengo: Si aumenta ese año de estudios, va a meter las de andar… y va a perjudicar a muchas personas con una medida onerosa y antipopular.
En otros lares, al contrario, se están buscando nuevas y modernas metodologías para hacer ahorro de tiempo y recursos. Por ejemplo, yo estoy trabajando en formas no escolarizadas para hacer ingresar al sistema educativo a los miles de adultos que, en El Salvador, necesitan elevar su nivel de escolaridad. Y no enviándolos a estudiar cinco años, o seis… En promedio, tres meses por año de estudios. ¿Qué dirán los asesores del Ministro? En otros lados se trabaja con esos grupos con módulos de educación empresarial, en fin… Y nosotros, aquí, pensando en usar más tiempo para lograr lo mismo. La tecnología moderna puede y debe darnos formas nuevas de educación, no necesariamente la escolarizada para que los nicaragüenses aprobemos la primaria y la secundaria en menos tiempo. Sólo en el campo tenemos a casi 800,000 personas con una escolaridad de un tercer grado. Alrededor de usted y cerca de usted se piensa mucho en la educación escolarizada, incluso, sólo se piensa en educación escolarizada. ¿Dónde están las brillantes ideas de la Unesco, que desde 1978 no ha vuelto a generar ideas verdaderamente nuevas?
Aquí mismo en Nicaragua hay organismos privados que han tenido experiencias valiosas y han superado ese desfase entre nuestros niveles educativos sin tener que aumentar los años de estudios. Al contrario, los han disminuido. Hay cientos de ideas y de realidades que indican otras opciones. La peor es aumentar los años de estudios. Como diría el presidente Bolaños: este juego pudiera ser “bola pasada”. Este espacio periodístico es relativamente limitado para hacer otra cosa que prevenirlo.
El autor es pedagogo, profesor de desarrollo rural.