Fernando Centeno Chiong [email protected]
A las puertas del nuevo año escolar, Nicaragua se asoma ante un dramático y controversial panorama en la educación, que a pesar de los últimos esfuerzos, las cifras revelan que estamos muy lejos de poder superar una de las principales barreras que obstaculizan la lucha contra la pobreza, mientras se continúa en el problema de seguir graduando bachilleres por millares mientras escasean los técnicos calificados.
De acuerdo con datos del Ministerio de Educación, en el año 2002 egresaron aproximadamente 45 mil bachilleres de las escuelas de secundaria. De éstos sólo 27 mil podrán ingresar a las universidades y quizás unos 10 mil podrán obtener un título universitario, para luego tratar de competir en un mercado laboral angustiado por la crisis económica.
A estos datos preocupantes, se une un reciente estudio realizado por Conapro por encargo de la fundación Konrad Adenauer, donde afirma que “las universidades están ofreciendo más de 200 carreras con conocimientos del pasado o del momento, lo cual muchas veces limita la oportunidad de encontrar trabajo cuando se egresa, ya que las funciones de los cargos difieren de lo que se aprendió y por lo tanto deberían enseñar lo que en su campo laboral enfrentará el estudiante cuando salga dentro de 4 ó 6 años”.
Se afirma que, el conocimiento, que en el siglo pasado tardó 50 años en duplicarse, en los próximos 20 años, sólo le bastarán 75 días, por lo que hay que preguntarse sin en realidad el país está formando los profesionales que el país necesita y con la tecnología que la globalización requiere.
En lo que respecta a la educación técnica el problema es peor, ya que según datos del año 2001 sólo egresaron en educación técnica 2 mil 524 jóvenes, con un costo anual por alumno es de C$12,760 en educación técnica agropecuaria, más de 6 mil en educación industrial y construcción y un promedio de mil córdobas en comercio y servicio, lo que revela el alto costo que tiene para el país la preparación de pocos técnicos, y la falta de visión empresarial cuando gran parte de esta inversión proviene, del 2 por ciento que los empleadores pagan a través de Inatec y no es retribuido en forma eficiente, considerando las demandas del país por técnicos calificados .
El estudio reveló que el nivel de los egresados es muy deficiente y por lo tanto tiene poca aceptación en las empresas, señalando que no hay programas de promoción y orientación vocacional, que no existe una visión integral a nivel nacional que ayude a la coherencia del sistema, que hay ausencia de un sistema integrado de evaluación y acreditación y que los centros técnicos carecen de laboratorios o equipos modernos que faciliten el desarrollo de conocimientos, habilidades y destreza para competir con el avance científico y tecnológico.
Se hace evidente, indica el informe, una enorme brecha entre las políticas, programas y recursos económicos asignados al sistema educativo, así como también hace falta una política tecnológica o priorizar las líneas de desarrollo que permitan enfrentar los desafíos sociales y productivos, y peor aún, no hay esfuerzos dirigidos a armonizar las posiciones del gobierno, de la empresa privada y de los trabajadores para el mejoramiento de la formación técnica y profesional.
Ojalá que este importante aporte de Conapro y la fundación Konrad Adenauer se tome en cuenta en la ejecución del Plan Nacional de Educación aprobado en el 2001 y si bien es cierto contiene cambios sustanciales en la política educativa, éstos no se han visto reflejados a corto plazo en los programas de educación formal ni en los de educación técnica.
El autor es periodista