La grave enfermedad del continuismo

Marco A. Mayorga [email protected]

El continuismo en el Poder es la enfermedad que más afecta al desarrollo institucional y al progreso social y económico de Nicaragua, como de cualquier otro país subdesarrollado. Por tratar de continuar en el poder, se hace cualquier cosa; además son animados por personas alrededor que lo adulan y endiosan aseverándole que su continuidad es de supervivencia nacional; encuentran excelentes justificaciones para trastornar el Estado y hasta lo consideran indispensable para mantener la estabilidad social. Se vuelven capaces de intentar destruir lo que está a su alcance si no se les accede la continuidad.

Nicaragua ha sido víctima del continuismo por más de 50 años, que fácilmente podemos resumirla en que Anastasio Somoza padre e hijo, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán realizaron todo tipo de maniobras y cambios en las reglas o leyes con el único objeto de continuar en el poder. El Gobierno de doña Violeta de Chamorro, a pesar que su persona no sufrió de este mal, su gobierno sí, pues su principal ejecutor, Antonio Lacayo también realizó maniobras para continuar en el poder.

Estos esfuerzos e intenciones han afectado el desarrollo institucional de Nicaragua, pues los poderes Legislativo y Judicial han sido víctimas de estos arreglos, maniobras y cambios. Así también el Consejo Supremo Electoral es muestra de la falta de desarrollo como institución, pues desde su creación, ha funcionado en crisis.

El aparato institucional del Estado, en todo este tiempo, ha estado orientado en cálculos de poder, realizando y maquinando acciones que desfavorecen al competidor o que favorecen al que desea reeligirse como presidente en períodos sucesivos o alternos. Y con este objetivo se han cambiado constituciones; se construyen estructuras ineficientes en los poderes del Estado, pero al servicio del continuismo; y se dictan leyes sin carácter de nación. Se ha sacrificado el progreso social y económico de Nicaragua. El cálculo para retomar el poder ha relegado lo económico a segundo plano o última prioridad. Han prevalecido planes de desarrollo económico de corto plazo, por lo tanto hoy, sin incluir Haití, Nicaragua es el país más pobre de Latinoamérica.

Más de cincuenta años deben ser suficiente experiencia para no continuar golpeándonos con la misma piedra y atinar el camino hacia la construcción de Nicaragua. La función del Estado debe estar al servicio de todos; coordinando y mejorando acciones que alcancen el desarrollo y progreso.

Grandes metas para el 2003 pueden ser la construcción del Consejo Supremo Electoral que favorezca al desarrollo institucional y que toda persona que ha ocupado la Presidencia de Nicaragua nunca puede aspirar a ella nuevamente.

El autor es ex presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua  

Editorial
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