El cóndor

Luis Sánchez [email protected]

A riesgo de cometer el error de confundir deseo con realidad, tengo fe en que el 2003 será mucho mejor que el año anterior, en todos los sentidos: en la economía, en recuperación de valores personales y familiares, en el avance de la institucionalidad y de la integridad y transparencia en el Gobierno.

Por eso la primera música que quise escuchar en el año nuevo fue una pieza que según mi opinión es tan hermosa como inspiradora, “El cóndor pasa”, en una excelente interpretación de Plácido Domingo. Y quiero compartir sus versos con quienes me hacen el honor de leer esta columna:

“El cóndor de los Andes despertó
con la luz de un feliz amanecer.
Sus alas lentamente desplegó
y bajó al río azul para beber.

Tras él la Tierra se cubrió
de verdor, de amor y paz.
Tras él la rama floreció
y el sol brotó en el trigal.

El cóndor de los Andes descendió
al llegar un feliz amanecer.
El cielo, al ver su marcha sollozó
y volcó su llanto, al fin, cuando se fue.

Tras él la Tierra se cubrió
de verdor, de amor y paz.
Tras él la rama floreció
y el sol brotó en el trigal”.

Si se busca en el diccionario la palabra cóndor, el hallazgo es decepcionante: “Ave rapaz diurna —dice el de la RAE—, de la misma familia que el buitre, de poco más de un metro de largo y tres de envergadura, con la cabeza y el cuello desnudos, y en aquella carúnculas en forma de cresta y barbas; plumaje fuerte de color negro azulado, collar blanco, y blancas también la espalda y la parte superior de la espalda; cola pequeña y pies negros. Habita en los Andes y es la mayor de las aves que vuelan”.

Su nombre científico es “Vultur griphus Linné” (Vultur por buitre en latín; griphus, por grifo, el animal fabuloso mitad águila y mitad león; y Linné por el apellido del naturalista sueco (Carl von Linneo) que lo clasificó.

El cóndor vive a una altura de tres mil a cinco mil metros y en su vuelo sube hasta los siete mil. Se alimenta de carroña y sólo ataca a los animales muy pequeños, pero cuando ve a uno grande al borde de un abismo, lo asusta para hacerlo caer y que muera al estrellarse. Es ave nidícola, o sea que sus polluelos tardan en abandonar el nido y deben ser alimentados por sus padres durante algún tiempo.

El nombre quechua del cóndor es “cúntur” y para los incas esta majestuosa ave era símbolo del poder celestial del Imperio del Sol, y el mensajero de los dioses. Según la mitología incaica Cun, o Con, era el dios sol que al comenzar el día se asomaba por las elevadas montañas andinas, y el que hacía crecer las frutas y el maíz en las partes bajas. Un día, en un arrebato de furia Cun transformó la tierra en desierto, por lo que Pachamac, el dios superior creador del mundo, lo expulsó de las montañas.

Pero cúntur volvió, y por eso es que se dice en los hermosos versos citados que cuando el cóndor se fue, el cielo lloró; pero al regresar de nuevo la rama floreció, el sol rebrotó en el trigal y otra vez la Tierra se cubrió de verdor, amor y paz.  

Editorial
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