Jorge A. Huete Pé[email protected]
Abrumados por la inestabilidad política y las noticias sobre las corruptelas del gobierno pasado, nos vendría muy bien en estas fiestas de fin de año centrar nuestra atención en algo novedoso y estimulante que está sucediendo actualmente en nuestro país. Se trata de los logros que están alcanzando nuestros investigadores en las más diversas áreas de la Ciencia.
Como testimonio de estos avances baste señalar los trabajos del congreso sobre Manejo Integrado de Plagas, el congreso de la Asociación Nicaragüense de Pediatría y el Primer Congreso Nacional de Biotecnología, entre otros. Valiéndose de unos pocos recursos, nuestros investigadores desarrollan proyectos agropecuarios, de salud pública y de limpieza ambiental. La más reciente Expo-Ciencia realizada en la UNAN-León contó con más de doscientas investigaciones. En todos estos casos se incorporan tecnologías de punta y ciencias modernas que, como la biología molecular, son generalmente exclusivas de países industrializados.
Hay varios aspectos de esta tendencia de crecimiento de la ciencia local que vale la pena señalar. Es visible la participación mayoritaria de jóvenes universitarios quienes, por lo general, sirven de apoyo a sus profesores mejor conocidos y connotados a nivel internacional. Este potencial humano debería aprovecharse para estimular a esta generación de investigadores a fin de que contribuyan más a la innovación local y al conocimiento universal.
Además, los proyectos de investigación se caracterizan por desarrollar una ciencia ligada estrictamente a los problemas del país, la cual usualmente se conoce como investigación aplicada para diferenciarla de la investigación básica o “pura”. Esta situación se explica dada la necesidad de orientar las investigaciones a las dificultades de la pequeña industria local y las presiones del mercado. Sin embargo, no conviene abandonar las ciencias básicas puesto que éstas proveen los conocimientos fundamentales necesarios para aquéllas de aplicación más orientada. Lo ideal sería lograr un equilibrio apropiado entre ambas ramas del conocimiento.
Otro asunto importante es que casi la totalidad de la investigación nacional carece de respaldo financiero del gobierno. Los investigadores realizan sus trabajos con fondos obtenidos de fundaciones internacionales europeas y norteamericanas, cuyos intereses no siempre coinciden con los de los investigadores nicaragüenses. Una de las grandes inquietudes surgidas del seno de la comunidad académica es la necesidad de persuadir a la clase política de la urgencia de invertir en educación, investigación y desarrollo.
Un balance somero del primer año de la actual gestión en materia científica indica que, si bien es notoria su voluntad política, su accionar es sumamente precario. Se requiere una política científica coherente con la agenda de desarrollo nacional, y estructurada a partir de consultas con la comunidad científica. El CONICYT, organismo encargado de promover la investigación científica en el país, tiene ante sí la misión fundamental de definir una agenda de investigación basada en las prioridades del país.
Sin embargo, el desafío clave del CONICYT es percatarse que su marco referencial continúa fuera de contexto. El objetivo central del CONICYT como organismo gubernamental no es promover el desarrollo tecnológico de las PYMES, como se percibe de sus exiguas actividades, sino más bien la promoción y ejecución de la ciencia nacional, la cual se desarrolla mayoritariamente en las universidades del país.
La ausencia crónica de apoyo financiero para dotar de recursos a los investigadores nacionales merecería un artículo aparte. Al menos debo mencionar, sin embargo, la necesidad de una plataforma financiera para promover la inversión en asuntos de ciencia y tecnología. Está claro, a partir de las experiencias de otros países, que si el Estado no invierte en estos renglones, el país no mejorará sus niveles de competitividad. Por esta razón, causa gran malestar entre los investigadores la carencia de un rubro específico para la ciencia en el presupuesto nacional.
Más allá del presupuesto anual de la Nación, haría falta también gestionar ante Hacienda la inclusión del quehacer científico dentro de la urgente reforma fiscal que, según el especialista tributario, Julio Báez, tendría que “gravar más a los que ganan más”, lo cual podría orientarse de modo que la empresa privada aportase grandemente al desarrollo científico-técnico. A fin de cuentas, existe una relación orgánica entre la innovación industrial y la investigación científica capaz de generar patentes.
No obstante la difícil situación en que se encuentra la ciencia nicaragüense, el esfuerzo de los grupos de investigación con que contamos ha sido vital para los éxitos recién alcanzados. Ha quedado demostrado que, de disponer de los medios necesarios, nuestros jóvenes investigadores son capaces de grandes aportes en la construcción de un país más sano, más limpio y más humano. ¡Apoyémoslos!
El autor es Director, Centro de Biología Molecular, UCA