La vida tras las rejas

Arturo Mcfields [email protected]

Giovanni Doña Merlo estuvo dos meses preso en la Cárcel Modelo. No era político. Nunca tuvo amigos ni en el gobierno ni en el poder judicial, al contrario, era muy trabajador.

El chavalo se había vuelto evangélico, quería ser diferente a sus otros amigos del barrio y no andar en las pandillas.

Un día Giovanni cayó preso. La noche anterior a ese suceso Donald Mendoza, conocido en el barrio como “Cara de Piña”, llegó a casa de este joven en completo estado de ebriedad, reclamando y ofendiendo por un presunto robo perpetrado en su casa de habitación; por la tarde nos dimos cuenta que Giovanni estaba tras las rejas, junto con otros tres muchachos del sector. El delito, aunque no había pruebas, era robo y creo que incluso le llamaron robo con fuerza.

A los diez días, fue trasladado a la galera número siete del Sistema Penitenciario de Tipitapa, conocido como La Modelo.

Nos costó poder verlo. Tuvimos que ir tres veces para llegar hasta donde estaba. Primero era problema de horario, después problemas con la lista de visitas, pues no podían exceder de tres en su número, después fue un carné que debíamos tramitar, y así sucesivamente.

Dos veces pude ver a Giovanni. Le llevamos jabón, pasta dental, arroz y azúcar, que en aquel lugar valen tanto como el oro y la plata.

La gente en La Modelo es dura. Los policías son mal pagados y las visitas conyugales es lo único que parece alegrarles la vida a los presos de mayor edad.

Llegamos a la sala de visitas. En este lugar el aire huele a todo menos a aire. Las paredes son sucias y aunque había un ciudadano limpiando afanosamente, nada podía cambiar aquella atmósfera, que como diría Virgilio, se asemejaba al infierno.

Aquél día le llevé pocas cosas. Recuerdo que después quise recolectar en la Iglesia algo más pero no se pudo. Las reglas del SPN son bien duras, más con los jóvenes que no tienen influencias ni apellido y de los que se presume que han robado a alguien que tiene todas estas cosas a su favor.

Afortunadamente, después de dos meses en La Modelo, Giovanni salió libre, con una visión más clara de la justicia nicaragüense.

Al recordar el caso de mi vecino, el ex presidente Alemán ha tenido “suerte”. Suerte que las leyes en el país dependa del son político que se toque. Y que además los jueces y políticos “se tiendan la mano” en momentos difíciles. Suerte que mientras nadie se preocupe porque se gastan 13 mil 500 córdobas en su seguridad diaria, en la Cárcel Modelo un interno pobre y sin apellido, tenga que “resolver” con sólo 5.80 córdobas diarios.

La prisión de Tipitapa o Top Model, como le llaman los reclusos, no tiene nada de lujosa, sino que es igual a muchas otras cárceles de Latinoamérica: presos apiñados como sardinas, reos con tan mala suerte, pobres que no tienen condena ni mucho menos dinero para pagar buenos abogados que sí los defiendan.

Los que lamentablemente no hemos tenido suerte somos nosotros, que cada día que pasa nos hacemos más pobres y nuestros hijos nacen con al menos cinco mil dólares de deuda sobre sus hombros. Mientras Alemán sigue ganando su salario de diputado, y presuntamente se llevó 1,400 millones de córdobas que no aparecen por ningún lado.  

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