Un año de grandes esperanzas

Prácticamente todas las personas a quienes se les pregunta qué esperan del nuevo año, coinciden en que tienen la esperanza de que será mejor que el año pasado, particularmente en la economía y, por lo tanto, para el crecimiento de las oportunidades de empleo y progreso.

En realidad, sólo quienes fueron desalojados del poder de la Asamblea Nacional el año pasado y tuvieron que ver a su jefe privado de la inmunidad parlamentaria y procesado criminalmente por delitos de corrupción, son los que podrían ver sombrías las perspectivas del 2003.

Pero aún ellos, o al menos quienes no estuvieron tan comprometidos con la corrupción descomunal del gobierno anterior, tienen ahora la posibilidad de recomponer su alineamiento político y de sumarse a una conjunción de voluntades y esfuerzos, sobre todo en la Asamblea Nacional, que es donde más se necesita la unidad en la acción de las fuerzas parlamentarias y partidistas para respaldar los planes del Gobierno y ayudar al mejor aprovechamiento de las óptimas condiciones de relanzamiento del país creadas por la exitosa lucha contra la corrupción y los principales corruptos.

Inclusive si se mira desde una perspectiva estrictamente partidista, los diputados y los dirigentes no parlamentarios del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) que el año pasado unieron su suerte a la del ex presidente Arnoldo Alemán, y a pesar de las abrumadoras pruebas de los delitos de corrupción cometidos por el cacique del partido lo apoyaron de manera ciega, irracional e incondicional, ahora tienen la oportunidad de rectificar y contribuir a la reorganización de su partido, que está gravemente quebrantado política y moralmente, a fin de reunificarlo en derredor del presidente Bolaños y ayudar a éste a cumplir su programa de gobierno sin necesidad de depender del respaldo y las ineludibles condiciones del FSLN.

El año pasado, diversos analistas económicos y políticos criticaron al Gobierno porque supuestamente se dedicó de manera excesiva a la lucha contra la corrupción y personalmente contra Arnoldo Alemán, y abandonó el cumplimiento de las otras responsabilidades gubernamentales, sobre todo las de política económica. Y aseguraron dichos críticos que por eso hubo un retroceso en la economía nacional que en los años anteriores venía creciendo en tres por ciento, como promedio, y en cambio el año recién pasado el crecimiento fue apenas del uno por ciento.

Pero la verdad es que, en lo que se refiere a las diversas instituciones del Gobierno, todas ellas, salvo la Procuraduría, dejaron sola a la Presidencia de la República en la lucha contra la corrupción y los corruptos. E igualmente casi todos los ministros y otros altos cargos del Gobierno se la pasaron coqueteando con Arnoldo Alemán, hasta que éste fue privado espectacularmente de su inmunidad el 12 de diciembre del año recién pasado e inmediatamente después detenido bajo régimen de casa por cárcel.

También en lo que se refiere a la economía nacional es falso que la lucha contra la corrupción agravara las dificultades y causara la reducción del crecimiento económico. Lo cierto es que el año 2002 fue económicamente recesivo en toda América Latina, que tuvo precisamente un crecimiento del 1.1 por ciento en general, “una cifra que supera el pronóstico de una contracción de un 0.6 por ciento que había hecho el Fondo Monetario Internacional para Latinoamérica en el 2002”, según el informe de este año del Banco Mundial que citamos en la columna editorial de LA PRENSA del 16 de diciembre recién pasado.

En realidad, a pesar de que la corrupción es sólo una entre múltiples causas de las dificultades económicas de Nicaragua y demás países latinoamericanos, la transparencia, el manejo honrado de la administración pública, y el castigo a los corruptos de acuerdo con la ley y la justicia, crean mejores condiciones para desarrollar la economía, facilitan el flujo de inversiones privadas, fortalecen la autoestima nacional y por lo tanto la disposición al trabajo, acrecientan la confianza de la comunidad internacional en el país; y en fin, la lucha contra la corrupción es un factor de primera importancia para la promoción exitosa de la economía y la reducción de la pobreza.

Y eso, precisamente, es lo que hace del 2003 un año de grandes esperanzas.  

Editorial
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