Mario Ruiz Castillo*
El término rimera Dama, es concedido no por la ley, sino como una cortesía a la esposa o compañera del Primer Mandatario de la nación; si el Presidente es el primer ciudadano legalmente, ella asume este difícil rol en la sociedad política.
Hemos tenido una ciudadana Presidente, sin embargo al ser viuda, no hubo necesidad de utilizar ese honorífico título al cónyuge, al igual que se usa en ciertos reinados, donde el marido de la Reina es el Príncipe consorte. Realmente no sé cómo se diría al compañero de una Presidenta.
La Primera Dama y su papel, depende de su carácter, inclinaciones y vocación. Hemos tenido muchas Primeras Damas que lo único que han dejado como legado ha sido la ostentación, el derroche y la exhibición; otras se han dedicado a las obras de beneficencia social, al arte y la cultura.
Han pasado en nuestra historia Primeras Damas dignas de la mejor Corte Real, comedidas, representando su misión como una buena madre de todo un pueblo; otras han pasado casi en anonimato, quizás por desconocer las verdaderas raíces populares y vivir en otro mundo, ajeno al nuestro. Por lo menos ha habido una Primera Dama extranjera, mejor dicho dos, a inicios del siglo pasado y en los setenta, aunque esta última era nicaragüense de origen y nacimiento.
A la Primera Dama se le identifica o se le quiere atribuir un cargo de representación social insulso y desprovisto de contenido. Muchos desean verla con elegantes trajes y de anfitriona en recepciones banales. Claro es que nada está escrito y dependerá de ella, decidir sobre la huella y recuerdo que dejará a la posteridad. Incluso hay más que una que ha militado en política.
Una Primera Dama, dirigió con bastante eficiencia la Asistencia Social, aunque violaba la ley, ya que al ser extranjera no podía intervenir ni ejercer cargo público alguno; construyó un precioso Teatro que aún perdura. La Primera Dama, puede ser un complemento del actuar presidencial o desempeñar su propia misión en el campo y actividad de su preferencia, lo importante para ella y el pueblo es su identificación e identidad nacional, la concordancia con la situación económica social y sobre todo el amor al terruño, algo bastante importante en este mundo cada vez más globalizado.
* El autor es abogado
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