Armando Lau Gutiérrez
Si verdaderamente fuéramos fieles seguidores de Cristo y sus principios, ¡anduviéramos con una mano atrás y otra adelante! “Los principios cristianos los respetamos y los admiramos” ¡Nada más! No nos atamos a ellos, mientras llevemos esta vida ilusoria.
Jesús fue enviado a una muerte infame por Caifás, Sumo Pontífice de la Iglesia judía, por celos religiosos. Caifás a través del Sanedrín mantenía un enlace de poder político y religioso con el imperio romano. La doctrina que diseminó Jesús era netamente espiritual y la exponía a la muchedumbre verbalmente a través de parábolas en comunión generalizada. Es muy difícil extraer espiritualmente un contenido y pasarlo a conceptos verbales y convertirlo en comunión entre los oyentes. Jesús intentó introducir el espíritu a la letra, con ello inutilizaba el poder de los doctores de la ley, escribas y fariseos.
Cabe exponer en forma clara y concisa los tres principios cristianos, por tener una filosofía religiosa-espiritual. Solamente a través de una mente libre autoperceptiva es que se pueden comprender esotéricamente dichos principios.
Sabed la verdad y la verdad os hará libres. “La verdad es espiritual, intemporal, se encuentra en lo más profundo de nuestro ser, está más allá de los sentidos”. La verdad no se encuentra intelectualmente. Un campesino analfabeta, que nunca ha pisado un templo religioso, puede ser más espiritualista que una persona religiosa que se pasa todo el día leyendo libros sagrados. La verdad siempre es nueva, no se puede describir ni definir; está en lo más interno de nuestro ser. “Está en la meditación”.
El que quiera salvar su alma la perderá y el que la pierda por mí se salvará. El que busca salvar su alma egoístamente, haciendo el bien para conseguir benevolencia de Dios, más bien la pierde. Esas personas no encuentran comprensión de la verdadera vida. No es la vida que nos corremos del dolor para abrazar el placer. La misión del hombre aquí en la Tierra es evolucionar en comportamiento y conocimiento, cooperar con sus semejantes, sin esperar retribución alguna.
Amaos los unos a los otros, es ayudarnos mutuamente. Nos necesitamos los unos a los otros, porque los bienes que cada uno tiene, es trabajo de otros. Necesitamos del que siembra el frijol, del que siembra el maíz, del que siembra el arroz, y todos los alimentos que se cultivan; los que cuidan los animales que nos proporcionan la carne; los que fabrican zapatos, vestimenta, casas, vehículos, etc. este movimiento humanista de acción encomiable le da la vuelta al planeta. El dinero que compensa esta acción es ficticio y acomodado por las personas más hábiles y astutas que controlan el movimiento financiero mundial. Esto lo entendemos muy superficialmente, pero no lo comprendemos en su esencia.
Los principios cristianos son difíciles de entenderlos intelectualmente, mucho menos adaptarnos a ello, solamente se pueden comprender a través de la compasión, el único factor que puede enlazar a la humanidad.
En todas las épocas del cristianismo, la Iglesia ha buscado entendimiento con los gobiernos de turno, siempre se ha buscado ayuda recíproca compartiendo el poder religioso con el poder político. En 1483, un fraile Dominico, Tomás de Torquemada (Valladolid 1420 Ávila 1498), inquisidor español, que durante su mandato fueron condenadas a muerte 3,000 personas por motivos religiosos, fue confesor honorífico de los Reyes Católicos. Torquemada era inquisidor general de Castilla y Aragón. Esto comprueba claramente que una mente virtuosa y compasiva, por lo tanto espiritualista, cerca de Dios, se puede encontrar en cualquier persona que no sea religiosa. Los sistemas y las creencias organizadas con sus jerarquías, no son la puerta principal para entrar en la dimensión espiritual; está en cada persona, como dijo Jesús a los apóstoles: “El reino de los cielos está en cada uno de ustedes”.
El autor es empresario y teósofo.