Conservación de monumentos

El miércoles de esta semana LA PRENSA informó sobre la situación de descuido en que se encuentran las ruinas de León Viejo, que apenas hace dos años fueron declaradas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Unos días atrás, también por medio de este Diario se denunció que el monumento a Rubén Darío, que está ubicado en el Parque del mismo nombre, frente al Teatro Nacional y el Parque Central de Managua, a menos de doscientos metros del Palacio Presidencial, del Palacio de la Cultura y de las ruinas de la antigua Catedral de Managua —es decir, en el centro cultural más importante de Nicaragua—, fue dañado por vándalos desconocidos pues al parecer no hay vigilancia en ese sector de la capital.

Diversos monumentos más que hay en Managua y otros lugares de Nicaragua, también están descuidados, y en algunos casos abandonados. Sólo algunos de ellos —precisamente en los lugares donde hay preocupación e iniciativas concretas de personas y empresas privadas, y de las autoridades municipales, con el respaldo de la cooperación internacional— es que son conservados apropiadamente, como por ejemplo el centro histórico de la ciudad de Granada y algunos monumentos de la ciudad de León, donde las autoridades recientemente anunciaron que gracias a la cooperación cubana pronto ejecutarán un plan de restablecimiento y conservación de sitios históricos.

La conservación del patrimonio monumental de la nación es una obligación elemental de toda sociedad que se estime a sí mismo. En realidad, los monumentos son parte sustancial de la historia y advierten sobre las raíces mismas de las personas. Monumentum deorum, llamaban los romanos a las estatuas de los dioses y los templos; monumentum mayorum, eran los ejemplos de los antepasados; monumentos scriptorum, le decían a los libros; y monumentum avita, era el nombre que daban a las sepulturas de los padres y sus otros ascendientes.

O sea que los monumentos son los testimonios de la historia, cuyo conocimiento y estudio son indispensables para cultivar la identidad nacional. Ignorar el pasado —dicen los filósofos— es vivir sin recuerdos; desconocer lo que ocurrió antes impide conocer las propias raíces, de las familias y de la nación. La historia enseña y ayuda a no tropezar siempre con la misma piedra, pues, como dijo certeramente George Santayana, “quienes olvidan el pasado están condenados a repetirlo”. Ciertamente, a pesar de que muchas veces se menosprecian las enseñanzas del pasado y se cometen los mismos errores ya antes cometidos —sobre todo los políticos—, la historia permite estudiar sucesos y personas de tiempos anteriores, e imparte lecciones valiosas basadas en hechos verídicos que se deben aceptar aunque no siempre resulten agradables.

Pero el cuidado de los monumentos tiene también un efecto material y económico muy provechoso, por ejemplo, para promover el turismo receptivo, que es el más rentable. La conservación del patrimonio monumental es una prioridad en los países europeos y precisamente por eso son una fuente prácticamente inagotable de divisas, pues los sitios históricos y culturales actúan como un poderoso imán para atraer a los turistas.

De modo que desde todo punto de vista es lamentable que nuestros monumentos se encuentren descuidados o abandonados. Y si bien comprendemos que el Gobierno y en particular el Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), así como las alcaldías, no tienen presupuestos específicos para la preservación y el cuido de los monumentos, también sabemos que hay países, empresas privadas y ONG internacionales que disponen de fondos para la conservación de los patrimonios monumentales. En este campo el reino de España ha apoyado bastante a Nicaragua, pero igualmente hay organismos no gubernamentales de otros países, como por ejemplo el World Monuments Fund, de EE.UU., que colabora con algunos países latinoamericanos y que podría hacerlo también con Nicaragua.

Así mismo en otros países hay fundaciones mixtas (del sector público y la empresa privada) para la conservación del patrimonio monumental y el fomento del turismo cultural, como también leyes de mecenazgo para incentivar la participación de los empresarios en este empeño que es tan patriótico y cultural como de interés económico por los beneficios para el desarrollo del turismo. ¿Y por qué no podríamos los nicaragüenses hacer algo igual o parecido?  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí