Octavio Molina [email protected]
Las recientes investigaciones de LA PRENSA, relacionadas con el uso de los fondos de becas del Banco Central, me produjeron en un primer momento, un agrio malestar, al conocer las desproporciones de cómo, individual o institucionalmente se han repartido esos fondos, cercanos a los cinco millones de dólares.
Pero mi inconformidad pasó a planos superiores, al leer lo que adujo el Ministro de Defensa, cuando se burla de la inteligencia del pueblo y de su pobreza, cuando afirma que, a pesar de sus siete mil dólares del sueldo que recibe, más sus gastos de representación, vehículos asignados con gasolina y choferes, y la tarjeta para comprar en el supermercado de los militares, recurre a las becas estatales porque no le da para pagar la amortización de su casa y el resto de sus gastos, los que por ningún lado parecen ser modestos.
Conocer posteriormente el abuso —por ponerle un calificativo blando— del doctor Noel Ramírez, de becar a su hijo, esta vez teniendo en su patrimonio el valor de la beca, lo que se comprueba cuando afirma que reintegró los doscientos diez y siete mil ciento cincuenta y dos córdobas, me ha provocado una rabia interior muy fuerte, ya que esto es el colmo de los abusos pues proviene de un funcionario que se recetó, por varios años, un salario de veinte y siete mil dólares, equivalentes a trescientos ochenta y tres mil cuatrocientos córdobas si lo convertimos al catorce veinte por uno. Es decir, que con un solo mes de salario no sólo tenía la capacidad de pagar lo que le estaba arrebatando al pueblo, si no que todavía le sobraban ciento sesenta y seis mil doscientos cuarenta y ocho córdobas, equivalentes a once mil setecientos siete dólares, es decir, cuatro mil setecientos siete dólares más que los siete mil dólares que gana el Ministro de Defensa, a quien no le alcanza su sueldo para sus necesidades.
Finalmente, creo que todo esto es una cuestión relativa. Estos individuos, si no tuvieran la estabilidad económica y la educación de alta calidad que con muchos sacrificios les dieron sus padres y sin las oportunidades de ser nombrados en altos puestos de gobierno, con jugosos sueldos, viáticos y gastos de representación incluidos, no serían diferentes a quienes en los buses o en los semáforos asaltan a la ciudadanía indefensa.
Posdata: También creo que el ingeniero Enrique Bolaños, Presidente de la República, tiene la obligación de despedir inmediatamente a su Ministro de Defensa y a los demás funcionarios que devengan los mejores salarios del país, quienes con sus festinadas explicaciones no sólo admiten su mal proceder sino que escarnecen al pueblo hambreado e indefenso ante la voracidad de tales funcionarios públicos.
El señor Presidente, yo y los demás ciudadanos nicaragüenses nos encontramos a merced de una cúpula voraz que se ha apoderado de todas las instituciones, ya que hasta las principales iglesias—que son las reservas morales del pueblo— fueron cuidadosas y planificadamente penetradas por agentes corruptores, acercándonos día a día al momento en que tengamos que buscar las salidas posibles a este problema.