La basura es el residuo inservible que queda después que se utiliza o se consume algún producto. No hay ciudad del mundo que no tenga que enfrentar el problema de la disposición adecuada de desperdicios, siendo las sociedades con más altos ingresos las que generan más basura, porque el nivel de consumo es una función del nivel de ingresos. Sin embargo, también son esas sociedades las que más adecuadamente disponen de los desperdicios producidos. Eso significa que hay una correlación positiva entre el nivel de ingresos y la solución efectiva del problema.
No obstante, sería un error pensar que la solución depende solamente de la disponibilidad de recursos económicos. Ésta también depende del nivel de educación y de disciplina existentes. La gente más educada tiende a ser más consciente de la conveniencia de disponer apropiadamente de los residuos indeseables, pero si el elemento disciplinario está ausente en la fórmula de la solución, ésta no puede ser efectiva. Eso se debe a que siempre habrá gente que por falta de educación, de buenos hábitos, o de conciencia, tirará basura en las calles, en los patios y en las carreteras. A esa gente debe aplicársele medidas disciplinarias que la disuadan de continuar con sus malos hábitos. La oportuna y efectiva aplicación de multas cumple ese cometido.
En las sociedades de bajos ingresos, como la nuestra, el consumo de productos no es tan grande como en las de ingresos altos, pero el problema de la disposición de la basura se complica por la deficiencia de los servicios de recolección, por la falta de educación y por la ausencia de multas.
El problema de la basura es de todo el país, por supuesto, pero en ese sentido es interesante observar los resultados de una encuesta que sobre este tema hizo una firma local por encargo de la Comuna de Managua, la ciudad capital del país. Quizás lo más interesante de la mencionada encuesta sea el contraste en las respuestas dadas por las personas consultadas a dos de las preguntas formuladas. Por un lado, el 77.9 por ciento de los encuestados considera que los vecinos son los principales responsables de la suciedad que hay en los barrios. Pero por otro lado, un 44.2 por ciento considera que es a la Alcaldía a la que le corresponde solucionar el problema de la basura, o sea garantizar la limpieza pública. Otro 28 por ciento opina que es a la Policía a quien le corresponde solucionarlo, y un 10.3 por ciento le encomienda esa tarea al Gobierno Central de la República. Sólo un 2.8 por ciento de los ciudadanos encuestados considera que es a la misma ciudadanía o comunidad a la que le toca solucionar este problema de la basura ambiental, que es realmente crónico en Nicaragua y particularmente en Managua, sin perjuicio de que hay algunas ciudades cuyas autoridades y ciudadanía se han preocupado por resolverlo, y lo han resuelto.
Es evidente entonces que lo que se observa en este caso es un fenómeno de transferencia de responsabilidad de quien causa el problema a un tercero que no lo ha causado. Es posible que eso se deba a que los ciudadanos, por el hecho de pagar impuestos y servicios de recolección, sientan que le corresponde a las alcaldías o al gobierno la responsabilidad de resolver el problema causado por ellos. Y en parte tienen razón, pero ese 2.8 por ciento que estima que es a la misma ciudadanía a la que le corresponde resolverlo, no deja también de tener algo de razón.
En todo caso, es probable que el problema que los equipos recolectores de las alcaldías tienen en última instancia que resolver sea resuelto más eficientemente en la medida en que aquel sea lo más pequeño posible. Y es posible reducir su magnitud en la medida en que se cuente con la cooperación de la población. Una bien estructurada campaña de concienciación puede, sin duda alguna, contribuir a lograr lo deseado. Pero es también conveniente tener siempre presente el elemento disciplinario. Éste no puede estar ausente si se quiere tener éxito en la tarea.
Por último, insistimos en que las alcaldías deben recurrir a la capacidad creativa de la población. Las mejores ideas no tienen necesariamente que venir de los técnicos en la materia, sino que pueden venir de la población misma que es, después de todo, la más interesada en el asunto. Hasta la fecha, sin embargo, parece que las alcaldías no cree en que tal cosa sea posible. Si lo creyeran posible ya hubiese buscado algún mecanismo para auscultar las ideas que la ciudadanía puede tener en ese sentido.