Marco A. Valle Martí[email protected]
Para elevar los niveles de seguridad ciudadana es imprescindible efectuar las intervenciones bajo un enfoque de prevención comunitaria local, interrelacionado con la visión nacional y simultáneamente tomar en cuenta el escenario departamental y municipal. Más aún, actualmente no debe perderse de vista el entorno centroamericano, puesto que existen problemas en ciertas localidades que tienen relación con el crimen organizado internacional.
El punto de partida es el diagnóstico participativo de la localidad (municipio, barrio, distrito, etc.) que permite precisar los problemas principales y, formular, aprobar e implementar el plan de acción en conjunto con la comunidad. Para no llover sobre mojado, hay que aprovechar los estudios efectuados sobre diversos temas de la localidad que tienen relación con seguridad ciudadana.
Igualmente, las intervenciones deben tener un movimiento en dos direcciones, de abajo hacia arriba y viceversa, de tal forma que no deben ser las instituciones estatales, alcaldías y empresa privada desde arriba las que determinan lo que se debe hacer, sino que se debe partir de la localidad para regresar a la localidad y, en ese trayecto las instituciones coordinándose con la localidad precisan los problemas y acciones a realizar en el territorio. Este movimiento es decisivo ya que los retos de seguridad ciudadana son diferentes según las localidades, sino pensemos en municipios como Managua, Masaya, Puerto Cabezas, Estelí, Boaco y, León. Al mismo tiempo que tienen rasgos comunes los tienen diversos, tienen el sello local.
De igual manera es recomendable que las experiencias locales definan un horizonte temporal de no menos de un año, o dos, ya que en menos tiempo difícilmente se obtienen resultados sólidos que permitan reflexionar a profundidad, sacar lecciones duraderas y reenrumbar el proceso. Por ejemplo, sólo presentar la iniciativa, formar la instancia representativa de la localidad, efectuar el diagnóstico y aprobarlo en conjunto con la comunidad al igual que el plan de acción, lleva por lo menos tres meses.
Otra razón para impulsar intervenciones de un año, o más, es que, para encender el motor que pone en marcha a la comunidad en materia de seguridad ciudadana, es clave conocer y actuar en correspondencia con los componentes básicos de su cultura: valores, ideas, creencias, tradiciones, normas, costumbres, símbolos, intereses, mentalidad, en íntima relación con la situación económica y social, apoyándose en los actores sociales que tienen mayor prestigio —y dinamismo— en la localidad. Esto se logra sólo con un buen margen de tiempo.
La coordinación interinstitucional es un eje transversal que es indispensable para tener éxito. Es saludable que las instituciones ubiquen en el centro el interés común de la localidad, coordinen las políticas de manera que se logren distintas decisiones y acciones dentro de una sola visión de conjunto con un sentido estratégico, junto con la comunidad. Los problemas de seguridad ciudadana son de índole social, no son sólo policiales ni competencia de sólo un ministerio, instituto, alcaldía u organismo no gubernamental.
La seguridad ciudadana local necesita la coordinación interinstitucional donde todos los actores actúen dentro de un proceso de intercambio que contribuye a informarse y pensar en conjunto, conciliar lo particular con lo general, tomar decisiones y realizar acciones consensuadas dirigidas a alcanzar los objetivos del plan de acción local. Los medios de comunicación social juegan un papel importante en este escenario.
El autor es Consultor en seguridad ciudadana.