Movilidades regresivas en América Latina

Mario Cajina [email protected]

En días recientes tuve la ocasión de mirar por el canal de cable “BBC” de Londres, un reportaje acerca de los efectos desastrosos que el llamado “corralito financiero” está ejerciendo sobre la vida ciudadana de muchos ciudadanos argentinos.

La nota televisiva de casi una hora de duración, describía como una familia de clase media urbana de seis miembros, residentes en el gran Buenos Aires, que hace unos dos o tres años podía sobrevivir con una renta mensual de US$ 1,000.00, hoy día de las debe arreglar con tan solo US$ 600.00 por mes.

Eso sin tomar en cuenta los problemas de desempleo, falta de cobertura del seguro social, continuas devaluaciones y la inestabilidad política social que el país actualmente enfrenta.

La creación de las bases de una anti-economía que se caracteriza por la edición de cupones emitidos por ciudadanos particulares, en lugar de dinero de curso legal (que en realidad represente verdadero depósito de valor y medio de cambio) y de trueque en gran escala para honrar obligaciones, es ya una práctica casi común en aquella nación sudamericana.

El “corralito financiero” argentino establece que los numerosos ahorrantes (inmensa mayoría de la antigua clase media de ese país) sólo pueden retirar montos que los bancos autorizados por el sistema financiero lo permitan, al igual que estos deberán ser sacados en un momento previamente indicado.

No es raro encontrar persona de la nueva clase pobre que se jactan de haber podido visitar Cancún en calidad de turistas, antes de convertirse en desocupados, semi-empleados o abiertamente indigentes. O sea, han experimentado el fenómeno de la movilidad descendente.

Además del caso argentino, el presente y el porvenir de algunos países latinoamericanos tales como Colombia, Venezuela y Nicaragua, así como Ecuador y Brasil, es incierto, en algunos casos muy difícil, aunque no imposibles de resolver.

En Nicaragua, aunque a Dios gracias, todavía no hemos llegado a esos extremos, para nadie es un secreto que afrontamos un momento muy duro en la historia de nuestra vida económica, política y social.

Sin embargo, el fenómeno de la movilidad social descendente o regresiva, no es en lo absoluto nuevo para muchos nicaragüenses. De hecho fue ya experimentada en carne propia por un gran número de profesionales valiosos de nuestro país, que durante la década de los ochenta, debido a la situación imperante tuvieron que emigrar a tierras extranjeras en búsqueda de nuevos horizontes.

Una vez establecidos en esos lugares, mucho tuvimos que trabajar y ganar el sustento haciendo labores menores y manuales, que aunque dignas, estaban, muy por debajo del valor de nuestra preparación profesional y por ende de nuestra productividad.

Fue muy común durante esa época, sobre todo en ciudades estadounidenses como Miami, encontrar a un gran número de compatriotas abogados, médicos, ingenieros, economistas y arquitectos, entre otros, ejerciendo labores de vigilantes nocturnos, cajeros, chóferes, vendedores ambulantes, lavadores de carros, ayudantes de almacenes, etc.

Gracias a Dios y a las necesidades experimentadas, muchos tuvieron la dicha de descubrir nuevos talentos y habilidades, que aunque por muy simple que parezcan, fueron utilizadas posteriormente para mejorar las vidas de ellos y las de sus familiares. Como dice el dicho, “no hay mal que por bien no venga…”

Algo mucho más duro experimentaron los que permanecieron en Nicaragua: no sólo sufrieron la guerra sino también el descenso más grande que ha habido en nuestra economía en toda su historia. Al entregar el poder en 1990, al país había retrocedido cuatro décadas y la clase media se había eclipsado. Ciertamente ésta fue una movilidad hacia abajo, de la cual todavía no nos hemos recuperado.

Pienso que con el concurso de todos los nicaragüenses de buena voluntad, el sueño del Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal de que Nicaragua vuelva a ser República, podrá convertirse en una radiante realidad y ya los nicaragüenses no tendremos que irnos al extranjero.

El autor en MBA (Internacional) y catedrático de la Universidad Thomas More.  

Editorial
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