Yo no soy nada

León Núñ[email protected]

Muchos lectores me han escrito diciéndome que quieren conocer mi “biografía política”. La curiosidad de estos lectores tiene un gran sentido del humor, porque no se ha visto que una persona como yo, que políticamente “nunca ha escupido en rueda”, haya escrito su intrascendente vida política. Pero veamos.

Mi “biografía política” empezó cuando yo tenía apenas trece años. Estudiaba tercer año de bachillerato. Un pariente mío llegó a traerme a mi casa para llevarme a una reunión de “Juventud Conservadora”. Recuerdo que en esa reunión celebrada en Acoyapa se me dijo que yo era conservador porque mi padre había sido diputado y líder conservador. Esta reunión duró dos horas, que fueron exactamente las dos horas que pertenecí no a la juventud conservadora sino a la “niñez conservadora”.

Mis dos últimos años de bachillerato los estudié interno en el Instituto “Ramírez Goyena”, siendo Director y Bibliotecario Guillermo Rothschuh Tablada y Carlos Fonseca Amador respectivamente. Fue la época en que, motivado por don Guillermo, me aficioné a la lectura. Carlos ni siquiera intentó atraerme para su causa porque decía que yo era anarquista.

Al regresar a Nicaragua, después de haber estudiado en España, fui nombrado Juez de Distrito en Chontales. El Magistrado Rafael Antonio Díaz, refiriéndose a partidos, me preguntó que si yo era liberal o conservador. Yo le contesté: “yo no soy nada”. Entonces me aconsejó que dijera que era liberal, porque de lo contrario podrían surgir dificultades con mi nombramiento.

Tres años después recibí un telegrama donde se me comunicaba que, por mi “dilatada trayectoria” dentro del Partido Liberal Nacionalista había sido nombrado miembro de su Junta Directiva Departamental.

No habían pasado dos meses de ser “dirigente liberal” cuando fui expulsado del partido por haberse “comprobado” que yo era marxista; que yo adoctrinaba a jóvenes chontaleños con ideas contrarias a la democracia; que cuestionaba el liderazgo de Somoza, y que vivía metido en la Embajada soviética en Juigalpa, que así era llamada la casa del poeta Guillermo Rothschuh.

“Probaron” finalmente que yo era comunista cuando descubrieron que le recomendaba a bachilleres chontaleños sin recursos económicos que estudiaran en Moscú. Gracias al coronel Noel Genie no fui trasladado a las cárceles de la “Seguridad” de Managua. Yo dije la verdad. Que lo que yo hacía era “contactar” a mis paisanos con un dirigente comunista costarricense que había sido compañero mío en España para que los llevara a la Embajada de la Unión Soviética en San José a gestionar sus becas, pero que nunca lo había hecho con intencionalidad política, sino con el objetivo de que esos muchachos lograran su superación personal. Para no caer preso, prometí no volverlo hacer.

Habiendo dejado el cargo de juez abrí mi oficina de abogacía en Juigalpa. Durante varios años no volví a meterme en política partidaria hasta que en 1978, mi amigo, el doctor Alceo Tablada, fue nombrado Secretario Político del PLN en sustitución de Cornelio Hüeck.

Quizás como reacción ante el hecho de que un grupo frentista me haya quemado un automóvil BMW 525 que acababa de comprar, volví a las andadas partidarias. El doctor Tablada me defendía ante Somoza garantizando que yo no era comunista; que yo tenía ideología liberal.

Conociendo don Alceo mis antiguas como extintas aspiraciones judiciales me consiguió que el Congreso Nacional me eligiera Magistrado de la Corte de Apelaciones de Granada y me aseguró que en menos de un año yo iba a estar en la Corte Suprema de Justicia. ¿Y que sucedió?. Que en menos de un año estaba en el exilio, en San José. Pero ahora ya no se decía que yo era comunista sino somocista.

En el exilio, el doctor Guillermo Argüello Poessy y yo fuimos delegados de la FDN en Costa Rica. Al poco tiempo renunciamos por razones que no es del caso exponer. Después fui secretario general del Bloque Opositor del Sur (BOS) y posteriormente miembro de su directorio. ¿Qué pasó? Lo mismo de siempre: a fines del año 1989, por “conspirador”, fui expulsado de la organización a propuesta del ingeniero Alfredo César, caudillo del BOS.

De regreso a Nicaragua en 1990 ingresé en el PLC. Fui convencional, pero mis públicas críticas contra Alemán por obstaculizar la democratización del partido causaron mi destitución del cargo que ocupaba en el Banco Central y mi exclusión de hecho del PLC, lo cual me obligó a renunciar al mismo y a tomar la decisión de no volver a militar en ningún partido político.

Esta irrevocable decisión se produjo después de tomar conciencia de algo que antes me resistía a aceptar: que en Nicaragua los librepensadores nunca hemos tenido cabida en los partidos políticos. En este país lo aconsejable es no pensar y el comportamiento más adecuado, más “técnico”, no puede ser otro que el de vivir adulando y obedeciendo servilmente al caudillo de turno.

Actualmente, cuando alguien me pregunta que si soy sandinista, liberal o conservador —refiriéndose a partidos— contesto feliz y completamente liberado de accidentalidades partidarias, que “yo no soy nada”, que es la misma contestación que le di con “impronta anarquizante” al doctor Rafael Antonio Díaz, hace muchísimos años, a mi regreso de España.

El autor es jurista, miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA  

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