La renuncia, la única salida

Eduardo Enrí[email protected]

Después de ver a un Enrique Bolaños fuerte, decidido a poner la renuncia a su inmunidad “desde ya”, como dijo ese martes por la noche, ante la denuncia por delito electoral que le hiciera el Fiscal de la República, ahora lo vemos vacilante. “Esperando lo que digan los abogados”, sin duda agobiado por los múltiples y contradictorios consejos que debe estar recibiendo.

Es un hecho que el anuncio de la renuncia a la inmunidad fue precipitado, pero también es un hecho que el Presidente no tenía otra opción que despojarse de ese escudo. Eso sí, se debió haber trabajado una estrategia antes de actuar. ¿Cuál era el apuro? ¿Acaso no han pasado varias semanas y todavía “no termina de analizar” el fallo de la juez Juana Méndez en lo que respecta a la devolución de los estipendios?

Pero bueno, ya salió en televisión, ya todo mundo escuchó su oferta. A estas alturas don Enrique está como en una barrera frente al toro. ¿Se va a quedar paralizado oyendo los gritos de quienes ven al toro de largo?

Que si renuncia se pone en las manos de los sandinistas. Que si no renuncia se rebaja a los niveles de Arnoldo Alemán y Daniel Ortega. La pregunta es ¿qué puede pasar si no renuncia? ¿Y si renuncia?

Si no renuncia no hay juicio, pero se debilita su posición de lucha contra la corrupción pues no habría diferencia entre él y Arnoldo Alemán. Es más, hasta le daría la razón. ¿No es Alemán el que dice que no renuncia a su inmunidad precisamente porque el Poder Judicial está en manos de los sandinistas? ¿Cómo podría exigir el desafuero de Alemán si él no hace lo propio?

Y si renuncia, en efecto, quedaría a merced de lo que decida la Corte Suprema de Justicia que está bajo control sandinista.

Hay gente de mucha experiencia política y jurídica que considera que renunciar a la inmunidad es la mejor opción que tiene don Enrique. La lógica es que al renunciar a la inmunidad obligaría a la Corte a juzgarlo, y una Corte Suprema dominada por el Frente Sandinista no se atrevería a destituirlo.

Así a la ligera pareciera un contrasentido, pero en verdad no lo es. Destituir al Presidente sería consolidar el “arnoldismo”. Ya el vicepresidente José Rizo dijo que él no renuncia a su inmunidad, así que él tomaría las riendas del Ejecutivo, pero tendría que buscar apoyo en los “arnoldistas” para gobernar, ya que el respaldo popular que ha ganado el Presidente en la lucha contra la corrupción se disiparía.

Así Arnoldo Alemán recuperaría el control del Ejecutivo y de la Asamblea Nacional, pues la bancada Azul y Blanco desaparecería al quedar huérfana. Eso equivaldría a allanarle el camino presidencial a Alemán, quien de nuevo contaría con los recursos del Estado para su campaña en el 2006.

¿Quiere el sandinismo pagar el costo político de destituir a un Presidente legítimamente electo y, al menos hasta ahora, tremendamente popular? ¿Qué lógica tiene inclinar la balanza al lado de Alemán justo ahora que Bolaños ha perdido el voto 47 en la Asamblea Nacional? ¿Cómo justificar que le devolvió el poder al arnoldismo y lo consolidó?

La apuesta del sandinismo es mantener a los liberales en esta lucha a muerte entre Alemán y Bolaños, pero evitando que uno de los dos gane. Irónicamente, este maquiavélico plan sólo se desmonta si don Enrique se despoja de su inmunidad.  

Editorial
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