La razón del triunfo republicano

La pregunta obligada después de cualquier contienda electoral cerrada como la que acaba de celebrarse –el martes de esta semana– en Estados Unidos, es: ¿por qué ganó el que ganó? O lo que es lo mismo: ¿por qué perdió el que perdió? Los republicanos estadounidenses no sólo conservaron y reforzaron su control en la Cámara de Representantes, sino que le arrebataron a los demócratas el control que tenían en el Senado. Este tendrá ahora 47 demócratas, 51 republicanos, un independiente y uno no declarado. La Cámara de Representantes tendrá 206 demócratas, 227 republicanos, un independiente y uno no declarado. Incluso en las gobernaciones estatales los republicanos ahora superan por uno a los demócratas.

La economía estadounidense, aunque no está en situación crítica, tampoco está en su mejor momento. Y en ese hecho los demócratas tenían cifradas sus esperanzas para que el electorado los favoreciera con su voto. Después de todo, siempre se ha dicho que la gente vota de acuerdo a sus intereses económicos, y es muy probable que así sea. El razonamiento demócrata, por lo visto, era el siguiente: si los republicanos están en la Casa Blanca y la economía no anda muy bien, la gente tendrá que pensar que la oposición podría hacer un mejor trabajo y, en consecuencia, votaría por los demócratas. Si así pensaban, no cabe duda de que se equivocaron por completo al subestimar la capacidad de análisis de los electores.

Es evidente que los votantes, aunque conscientes de las dificultades económicas, no le atribuyeron esas dificultades a las políticas económicas del partido en el poder, sino a otras razones, como a la actividad terrorista, por ejemplo. Y todavía más: no creyeron que los demócratas tuvieran algo que ofrecer para mejorar la situación, pues durante la campaña electoral la oposición no ofreció una alternativa a las políticas económicas y sociales de los republicanos, sino que, totalmente huérfanos de ideas, los demócratas se concentraron en atacar al Gobierno. Pero no les funcionó su estrategia.

Ahora el Partido Republicano, con el presidente George W. Bush en la Casa Blanca, y con una amplia mayoría en ambas cámaras del Congreso, está en una posición bastante cómoda para impulsar su agenda en los dos años que le quedan de gobierno. El presidente Bush, consciente de la necesidad que tenía de conseguir un apoyo mayoritario en el Congreso, desplegó una incansable labor proselitista a favor de los candidatos de su partido, y su esfuerzo no fue en vano. Es cierto que igual esfuerzo desplegó a favor de los candidatos demócratas su líder en el Congreso, Tom Daschle, pero Bush le ganó la partida.

El presidente Bush empezó inmediatamente a hacer uso de su renovado poder. En una comparecencia de 47 minutos en la Casa Blanca, urgió al Congreso actual a que reconsidere varias iniciativas de ley que habían sido dejadas en el olvido. Entre éstas se encuentra la creación de una nueva secretaría (ministerio) que se encargaría de la seguridad nacional. Asimismo Bush planteó nuevamente la elección de algunos jueces que habían sido rechazados; insistió en algunas ideas para recortar impuestos, y, como era de esperarse, demandó una posición internacional clara en relación con Irak.

Uno de los grandes beneficiados con el triunfo republicano pudiera ser el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Otto Reich. Éste, como es sabido, fue nombrado por Bush cuando el Congreso entró en receso a finales del año pasado. En esos casos, el nombramiento es válido sólo por un año, y Reich tendría que retirarse a finales de 2002. No obstante, es posible que la administración Bush insista en su nombramiento y que ahora que los republicanos tengan el control de las comisiones del Senado, Reich pueda obtener la audiencia que los demócratas, liderados por el senador Christopher Dodd en el Subcomité de Relaciones Exteriores del Hemisferio Occidental, han insistido en negarle.

El panorama para Bush ha quedado despejado y se puede asegurar que el primer mandatario estadounidense no ignorará el mandato recibido por el electorado, y que hará uso de él para afianzar su liderazgo tanto a nivel nacional como internacional. Eso significa, entre otras cosas, que el problema iraquí está cada vez más cerca de ser resuelto.  

Editorial
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