Luis Arturo Ponce [email protected]
Me parece una falta de respeto de la licenciada Nazira Lacayo el comentario sobre el artículo de doña Elida Solórzano y sobre la película “El crimen del padre Amaro”, que publicó LA PRENSA del jueves 7 de noviembre.
Comencemos por el principio: la licenciada Lacayo pone en tela de juicio la preparación profesional de doña Elida al expresar que “le impresionó mucho” que una persona (socióloga) haya sido la autora de dicho artículo. ¿Por qué se impresiona que haya profesionales católicos que en vista de la falta de interés del Ministerio de Gobernación para regular (no prohibir) este tipo de películas hagan todo lo posible por detener lo que a la vista de todos no es nada constructivo y más bien maliciosamente es presentado como una debilidad de la Iglesia Católica? ¿qué pensaría ella si un médico católico se negara a practicar un aborto porque va en contra de sus creencias? ¿cree ella que películas de este tipo van a traernos acaso “bendiciones del Reino de la Luz” en lugar de maldiciones del reino de las tinieblas a como muy bien cita el artículo de doña Elida?
Más adelante Lacayo arremete contra los católicos al afirmar que “la falta de moralidad como son el robo, la difamación y la mentira y la mayoría de ellos son perpetrados por personas autodenominadas católicas”. Por la licenciatura que ostenta me imagino que forzosamente debe estar inmiscuida en la vida política del país por lo que, entonces, ¿qué pensaría si le dijera que Nicaragua está como está porque todos los políticos son ladrones, corruptos y faltos de moral?
Quien roba y asalta al pueblo no es el católico porque un católico no hace esas cosas, sino que quien roba es el político que al verse embriagado de poder y codicia da rienda suelta a todos sus desmanes y actos deshonrosos.
Afirma la señora Lacayo que la fecha en que comenzó a exhibirse la película fue pura coincidencia con el día de Halloween, pero con toda certeza puedo decirle que eso no es así, pues las casas distribuidoras de películas tienen un calendario para cada filme, en el que el propietario de la sala de cine y cada distribuidora acuerdan el día en que respondiendo a sus intereses mutuos deberá presentarse. En otras palabras, para que esa película se haya estrenado ese día hubo antes conversaciones y negociaciones previas, y esto lo digo porque por espacio de más de 30 años fui propietario de una sala de cine en Ocotal y conozco perfectamente la manera cómo se manejan estas cosas.
Dice que a su parecer la película “no cuestiona la fe, sino los procedimientos y el actuar de la jerarquía de la Iglesia Católica”. Qué argumento más lejos de la realidad, puesto que no vacila en ningún momento en inmiscuir en esta película a la jerarquía de la Iglesia Católica. La licenciada Lacayo debería saber que en una organización no se pueden emitir juicios condenatorios sólo por el actuar de algunos de sus miembros; si así fuera, entonces no existiría ninguna organización, agrupación, grupo, iglesia o como ella le quiera llamar, pues en este mundo nadie es perfecto y como tal las organizaciones están formadas por hombres y mujeres pecadores, porque todos somos pecadores, incluyéndola a ella, y si estoy equivocado que entonces tire ella la primera piedra.
Para terminar, dice que “lo que hay que hacer es dejar de buscar fuera de nosotros mismos la causa de nuestros problemas y trabajar para limpiar Nicaragua de los verdaderos males que la aquejan”, mas no sabe que la mayoría de nuestros problemas “de adentro” están influenciados y son consecuencias de los problemas de afuera, ya que el hombre es un ser social que necesita convivir inmerso en una sociedad y es esa misma sociedad la que nos tiene hundidos en la miseria y la pobreza. Dice que “no basta rezar”. Tiene toda la razón y termino haciéndole una pregunta: ¿Está ella por lo menos rezando?
El autor es administrador de empresas.