Isaac Bigio
Los comicios del 5 de noviembre han significativo la primera victoria electoral nacional de Bush hijo. Su gobierno amplía su base congresal al punto de controlar las dos cámaras. Esto consolida la agenda republicana y tendrá un impacto en la política norteamericana en relación al mundo y Latinoamérica.
Estos comicios han tenido un resultado excepcional.
Generalmente los presidentes norteamericanos llegan a la Casa Blanca con una mayoría electoral y a los 2 años se ven afectados por el desgaste gubernamental y retroceden ante la oposición en la elección de mitad de sus mandatos para renovar al Congreso. En el 2002 ha ocurrido lo inverso: por primera vez el mandatario que llegó a la Casa Blanca con una minoría de votos en las presidenciales gana las elecciones de mitad de término.
En los últimos 100 años sólo 2 presidentes electos con una mayoría de votos lograron ganar a los 2 años las elecciones de medio término. Éstos fueron Roosevelt en 1934 y Clinton en 1998. La mayor parte de las administraciones estadounidenses solían sufrir los embates del desgaste gubernamental a mitad de su mandato.
Ahora tenemos un caso excepcional. La mayor parte de los presidentes estadounidenses llegan a su cargo no sólo con la votación más alta en su propio país sino también en su hemisferio. En el 2000 Bush no llegó a los 50 millones de votos y quedó segundo ante Gore. Su votación ha sido sobrepasada por los más de 52 millones que recientemente ha obtenido Lula en Brasil, un país menos poblado que EE.UU.
Sin embargo, quien inicialmente fuera uno de los presidentes menos populares, hoy ha logrado llevar a los republicanos a dominar las 2 cámaras. Estos tienen 224 senadores y 50 representantes, frente a 204 y 46 de los demócratas.
Las razones del triunfo oficialista están ligadas al avance que tienen diversas fuerzas que inciden en priorizar la seguridad para derrotar los casos que tienen de la violencia denominada terrorista. Bush logró transformarse en uno de los mandatarios estadounidenses con los índices de aprobación más altos después del 11 de septiembre. Él supo capitalizar la matanza de Manhattan para transformarse en uno de los mandatarios más populares proponiendo una línea dura de intervencionismo militar.
Transformando al terrorismo en el enemigo público número uno los halcones suelen justificarse para ganar apoyo y plantear restricciones en servicios sociales y libertades civiles. En Colombia y España los partidarios de la línea dura han tendido a imponerse.
Paradójicamente, en aquellos países donde no se dan explosiones de terror se está viendo crecer a corrientes que plantean priorizar el gasto social restringiendo el programa neo-liberal. Mientras en Colombia y EE.UU., quienes han sufrido en carne propia una serie de atentados, la derecha se impone, en las últimas 3 presidenciales que han habido en las Américas (Bolivia, Brasil y Ecuador) las sorpresas las han dado candidatos (como Morales, Lula o Gutiérrez) quienes plantean reformas sociales para paliar el principal problema que ellos aducen es la pobreza y el desempleo.
¿Cómo afectará la victoria bushista al resto del mundo y del continente? Contando con el respaldo congresal el gobierno se sentirá más fuerte en aplicar su propia agenda. Una pieza clave de ella consiste en un fuerte gasto militar y en ir hacia una guerra en Irak. La línea halcona frente a los movimientos catalogados de terroristas irá reforzándose. Los procesos de paz en el País Vasco, Israel-Palestina, Irlanda del Norte y Colombia se han estancado o revertido. Las fuerzas ligadas a grupos armados que se estaban legalizando han sido sacadas de los gobiernos o se les está persiguiendo.
El triunfo republicano reforzará a que el Plan Colombia se amplíe y destine para sofocar a la guerrilla y financiar el incremento de los efectivos y pertrechos militares, así como para dotarlos de una red de un millón de informantes. Esto es un aliciente para Uribe quien se ve rodeado de países que no son incondicionales a su línea dura. Si en Ecuador Gutiérrez logra mantener el 60 por ciento que tiene en las encuestas se podría llegar a una situación en la cual sus 3 vecinos sudamericanos propongan un diálogo con las fuerzas insurgentes. El apoyo de los victoriosos republicanos estadounidenses es vital a Uribe para hacer de contrapeso a esas tendencias.
Mas, Washington hará eso a condición que las economías del sur se abran aún más a la dolarización y a los capitales de su propio país.
La elección de Lula en el mayor país latino será un contrapeso frente a Bush. Mas, el Brasil ‘trabajista’, al igual que el Chile ‘socialista’, claramente se alinean dentro de los marcos impuestos por los organismos financieros basados en EE.UU. y no promoverá ningún enfrentamiento radical como lo hiciera antes Cuba o el Chile allendista. Bush vetó a Morales en Bolivia y simpatiza con la oposición golpista anti-Chávez, sin embargo, no promueve la desestabilización de los gobiernos de origen socialista en Santiago o Brasilia.
La victoria republicana apuntalará el programa de Bush que implica mayores restricciones en el flujo de los inmigrantes del sur al norte pero mayores presiones al sur para que abran sus mercados al norte. Se apuntalará al ALCA, se intentará seguir cercando a Cuba y se promoverá la lucha dura contra el denominado terrorismo.
El autor es analista internacional y profesor e investigador de la London School of Economics & Political Sciences.