Nazira [email protected]
Me impresionó mucho el artículo de la señora Élida Solórzano que se publicó en LA PRENSA el martes 5 de noviembre, titulado lamentable sacrilegio, en el cual ella hace comentarios contra la película “El crimen del padre Amaro”. Pero me impresiono más aún que sea alguien profesional (socióloga) quien escribió este artículo, que nos remonta a los tiempos cuando se manipulaba al pueblo aduciendo que todo era pecado, es decir, nos evoca los tiempos de la Inquisición. ¿No es extraño que alguien estudiada diga que una película nos traerá “maldiciones del reino de las tinieblas”?
Cubrirse en la decencia y en las buenas costumbres me parece algo bastante cuestionable ya que este país día a día vive actos de malas costumbres y falta de moralidad como son el robo, la difamación y la mentira, y la mayoría de ellos son perpetrados por personas autodenominadas católicas.
En este país existe libertad de culto según la Constitución Política. Aquí no toda la población es católica, así que como el mismo artículo dice, si se prohíbe la película estaríamos pagando “justos por pecadores”.
En el artículo mencionado se hace referencia a Halloween como la noche “para los adoradores de Satanás y ocultistas”, con lo que cuestiona una fiesta tradicional mundial y además ofende al pueblo, llamándolo “ingenuo y consumista”.
La conexión que se hace entre Halloween como fecha para empezar a exhibir la película sólo demuestra el tipo de mente maquiavélica que ve detrás de puras coincidencias actos de maldad premeditados. Son estos artículos los que buscando falsos moralismos y censura los que han dado tanta popularidad a esta película que ya todos quieren ver, ¿por qué tanta controversia?
A mi parecer esta película no cuestiona la fe, sino los procedimientos y el actuar de la jerarquía de la Iglesia Católica. Además, la falta de moral de algunos sacerdotes es algo probado y no sólo especulativo, ya que han salido muchos casos de abusos de poder y de faltas al actuar fuera de los ámbitos de la Iglesia. Nicaragua, donde hay un cardenal político, es uno de los casos representativos.
Creo que la tolerancia es uno de los principios fundamentales de la convivencia, y, por tanto, respeto la opinión expresada en el artículo de la señora Solórzano, pero difiero en sus consejos finales con los que nos manda a “hacer mucha oración y penitencia en reparación por estos actos sacrílegos que manchan el alma de nuestra patria”. Yo creo que lo que hay que hacer es dejar de buscar fuera de nosotros mismos la causa de nuestros problemas y trabajar para limpiar a Nicaragua de los verdaderos males que la aquejan, como son la pobreza y la ignorancia. Porque para vencer estos males no basta rezar.
La autora es Licenciada en Ciencias Políticas.