No es tiempo de dormir

John McCain

Creo que es tiempo de paz …Vayan a casa y tomen un buen descanso. Primer Ministro Inglés Neville Chamberlain, septiembre 30, 1938.

A medida que contemplamos acciones de prioridad para prevenir que Saddam Hussein adquiera las peores armas del mundo, vale la pena comprender cómo la tentación de irse a casa y tomar un buen descanso condujo directamente a la inevitable crisis con la que ahora nos enfrentamos en la península coreana, donde el reconocimiento de Corea del Norte sobre un programa de armas nucleares secretas demuestra los riesgos de confiar la seguridad norteamericana a acuerdos peligrosamente defectuosos con regímenes bribones.

Esta crisis se originó primero en 1994 con la amenaza de Corea del Norte de convertir en armas el plutonio de sus instalaciones nuclea-res en Yongbyon. Después de meses de concesiones americanas, la Administración Clinton acordó cons-truir en Corea del Norte dos reactores nucleares civiles y proporcionar medio millón de toneladas de aceite anuales hasta que los reactores estuvieran construidos. La totalitaria Corea del Norte se convirtió en el más grande recipiente de la asistencia americana en Asia, a medida que sostuvimos un régimen que de otra forma pudo haber colapsado.

Personas serias pueden diferir honorablemente sobre la moralidad de alimentar y respaldar un régimen que priva de alimentos, oprime, tortura y mata a su propio pueblo mientras amenaza con destruir a su vecino del sur, para así prevenir que dicho régimen desarrolle armas nucleares. Pero existe muy poco refugio moral para aquellos acomodados que creen, aun ahora, que podemos conceder para salir de esta crisis. Una década de apaciguamiento y asistencia a uno de los peores regímenes del mundo les proporcionó el tiempo y los medios para desarrollar armas que ahora amenazan a América y a nuestros amigos.

Tuvimos una opción en 1994. Ahora enfrentamos una elección más dura, porque en ese entonces no cumplimos con nuestra responsabilidad de terminar con el desafío a la seguridad de América y Asia que re-presentaba el programa nuclear de Corea del Norte. De igual manera, hoy enfrentamos una dura elección en Irak. Pero a menos que actuemos pronto, más tarde enfrentaremos alternativas mucho más difíciles, con unos costos que podrían ser catastróficos.

La ineficaz búsqueda de acomodamiento con regímenes que desprecian nuestra racionalidad y maldicen nuestro propósito, no es sustitución para una política que iguale la amenaza a América con los medios y la voluntad de confrontarlo.

Irak demuestra que la resolución americana evoca una respuesta diferente. Aunque no es más que una táctica, la hoy declarada apertura de Bagdad para re-novar las inspecciones de armas después de años de desafío, se hizo posible solamente por las compulsivas amenazas de la fuerza militar. Nuestra determinación de confrontar a Saddam Hussein abiertamente y con todos los medios necesarios, demuestra una libertad de actuar contra un enemigo que —todavía— no posee armas nucleares.

En vez de preguntar por qué no seguimos la misma estrategia hacia Irak y Corea del Norte, el pueblo americano comprende que hoy estamos enfrentando a Saddam Hussein porque no podemos dejar pasar más tiempo, a como la Administración Clinton hizo con Corea del Norte, esperando hasta que tuvieron armas nucleares, como tiene ahora Corea del Norte, limitando, de esa forma, nuestra habilidad de responder a un peligro en desarrollo. No podemos permitir que Irak se convierta en la Corea del Norte del Medio Oriente.

Las opciones de América en Corea del Norte son limitadas porque no tomamos acción hace una década para terminar permanentemente el programa nuclear de Pyongyang. Ciertas opciones que una vez estuvieron abiertas para nosotros, ahora están cerradas porque dormitábamos mientras esta amenaza se desarrollaba.

Nuestra situación actual en Corea del Norte podría presagiar nuestro futuro con Irak si no usamos todos los medios que tenemos disponibles para terminar esta amenaza, mientras aún tenemos la libertad de actuar.

La credibilidad es la ventaja más grande que una nación tiene en asuntos internacionales. Es la más dura de adquirir y la más difícil de mantener, pero una vez que se tiene hace posible exigir cambios en el comportamiento. La credibilidad existe solamente ante los ojos de los que la presencian.

La falta de credibilidad de la Administración Clinton para tratar con Corea del Norte le dio valor al régimen para desafiar a América. La creíble amenaza de fuerza de la Administración Bush contra Irak está reuniendo la opinión americana e internacional a nuestro favor y ha puesto a Bagdad bajo aviso. Pyongyang está observando.

Los peligros que representan Irak y Corea del Norte son diferentes, pero como cualquier sobreviviente del Talibán atestiguará —y como Saddam Hussein podrá pronto enterarse— en esta nueva era, los regímenes bribones que abiertamente desafían y gravemente amenazan a los Estados Unidos se colocan en riesgo cuando dudan de nuestra resolución de terminar los retos a nuestra seguridad. Si hubiéramos enfrentado el reto nuclear de Corea del Norte con resolución en vez de acomodamiento, hace una década, ahora estaríamos más seguros. Corea del Norte nos enseña que si nos dormimos frente a la amenaza de Irak hoy, podríamos tener insomnio mañana.

El autor es senador republicano de los Estados Unidos, por Arizona.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí