¡No renuncie, don Enrique!

Jorge [email protected]

Hace casi siete meses, el 8 de abril del presente año, escribí un artículo que titulé “Enrique Bolaños versus AA y DOS”. En ese entonces decía que había una pareja de influyentes individuos “que resisten —con alma, vida y corazón— la transición hacia la nueva era. Ellos son: Arnoldo Alemán y Daniel Ortega”. Hoy en día sigo convencido de que esos sujetos no sólo quieren impedir la construcción de una nueva Nicaragua más limpia, productiva y transparente como la que se ha venido forjando en los 10 meses que lleva en el poder el actual gobierno, sino que, además, están confabulados para destituir de la Presidencia de la República al ingeniero Enrique Bolaños a la mayor brevedad posible.

Y para lograr su perverso objetivo han promovido una acusación en su contra por supuestos delitos electorales. En un acto inaudito y carente de toda seriedad y validez jurídica, el fiscal Julio Centeno Gómez se prestó la semana pasada al execrable juego introduciendo ante los tribunales de justicia una simple denuncia —y no una acusación—, en contra del Presidente y el Vicepresidente de la República.

El plan no podría ser más perverso de lo que es, porque busca apoyarse, precisamente, en la hombría y en la honestidad del presidente Bolaños, pretendiendo que esos mismos rasgos de su personalidad sean los que hagan que éste se entregue voluntariamente en sus manos en la Corte Suprema de Justicia. Tengo plena certeza de que tanto Ortega como Alemán sabían que Bolaños, al conocer de la “denuncia” en su contra, reaccionaría como lo hizo, y que de inmediato estaría dispuesto a despojarse de su inmunidad. Qué fácil me resulta imaginarme a los compinches saltando de felicidad al sentir que lo tenían en sus manos, pero, afortunadamente, al menos de momento, no es así… y no debe de serlo jamás.

Lo que está en marcha es un complot siniestro de esos individuos para dejar burlada la voluntad de un millón doscientos ochenta y seis mil nicaragüenses que —hoy, hace exactamente un año— depositamos nuestro voto para elegir a la Presidencia y Vicepresidencia de la República al ingeniero Enrique Bolaños Geyer y al doctor José Rizo Castellón, respectivamente. Nadie nos obligó a hacerlo. Lo hicimos voluntaria y libremente porque consideramos que su gobierno estaría caracterizado por la honestidad y la trasparencia. Y no nos equivocamos.

En los casi 10 meses que han transcurrido desde la toma de posesión en enero, la Administración Bolaños ha sido honesta y trasparente. El presidente ha restituido la confianza en el gobierno, e internacionalmente ha puesto en alto el nombre de nuestro país, que ya empieza a mencionarse como un ejemplo mundial en la lucha contra la corrupción gubernamental. Ese hecho, que ya está dando frutos, los dará todavía en mayor abundancia y para bien de todos a medida que la economía mundial vaya reactivándose y que más inversiones vengan a contribuir al desarrollo de la nueva Nicaragua.

Los ciudadanos que amamos la paz y el progreso, y que queremos que nuestra patria siga por el curso decente que el presidente Bolaños le ha impuesto, no podemos ni debemos permitir que aquellos dos individuos, que ya demostraron ser corruptos y altamente perjudiciales para el país, se burlen de la voluntad mayoritaria de todo un pueblo.

Don Enrique, no se llame a engaño. En la Corte Suprema de Justicia, salvo unas dos honrosas excepciones, la mayoría de los magistrados responden a las directrices y a los intereses de Ortega y de Alemán. Si se despoja de su inmunidad —como no dudamos que quiere hacerlo— puede estar seguro de que esos magistrados iniciarían de inmediato un proceso kafkiano que, sin necesidad de probar nada en contra suya, culminaría en su destitución de la Presidencia de la República.

Recuerde que a usted el pueblo lo eligió para una noble y difícil misión: rescatar a Nicaragua del pozo de corrupción y de desprestigio en que la encontró sumida, a fin de que la nación pueda progresar para beneficio de todos. Y lo está logrando. No se distraiga de su misión. Escuche a sus asesores jurídicos y deje que sean ellos los que pongan al descubierto la absurda e insostenible “denuncia” del Fiscal Centeno. No permita que la sucia conspiración de Ortega y de Alemán para sacarlo de la Presidencia tenga éxito. Estoy seguro, señor Presidente, que en estas líneas he expresado el sentir de muchos miles de compatriotas que votamos por usted. Por favor, no se despoje de su inmunidad.

El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la Universidad Thomas More.  

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