Franklin Bordas [email protected]
Nicodemo no solamente se decidió por buscar e interrogar a Jesús, El Señor, acerca del reino; también tuvo la osadía de pedir su cuerpo al gobernador romano Poncio Pilato, junto a José de Arimatea que fue discípulo de Jesús, para prepararlo y darle sepultura cuando muchos andaban ocultos por el temor de ser acusados de conspiración contra el imperio. “También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras” (San Juan 19, 39). Nicodemo, pues, era un hombre valiente, un hombre de acción.
¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? (Jn. 3,1-21) ¡Qué gran pregunta la de Nicodemo¡ Sin el respaldo del Espíritu Santo proveyéndole de discernimiento, es imposible para la inteligencia de un hombre viejo, comprender cómo se puede operar este nacimiento del que habla Jesucristo nuestro Señor.
La pregunta es: ¿Podrá un hombre de este tiempo, atormentado por el consumo, la competencia y la vanagloria nacer de nuevo y ver la gloria de Dios?… Nicodemo tenía preguntas que hacer, buscaba la oportunidad para encontrarse con Jesús, y poder recibir respuestas, que no encontraría en su círculo de amigos del Sanedrín. Él reconoce que Jesús tiene respuestas a las profundas inquietudes que lo atribulan. Pero… aún así, este hombre busca al Señor amparándose en las sombras de la noche. La figura de buscar a Dios en la noche es la moda de nuestro tiempo.
Nicodemo es el hombre de nuestros días, que movido por curiosidad, intuición o cualquier otro tipo de motivación, llega hasta Jesús reconociendo en Él, la presencia de Dios, “nadie puede hacer lo que tú haces sino Dios” (Jn. 3, 2) …Nicodemo llega en la oscuridad (de sus miedos, angustias, posiblemente algún tipo de fracaso, etc.) buscando la luz, que es Cristo.
La oscuridad de Nicodemo contrasta con la luz que viene de Jesús. Él está allí esperando que Nicodemo se deje amar. Podemos decir con San Agustín “¡Señor, Señor! ¿Con qué modos y de qué manera te insinuaste en aquel corazón?”
Para llegar a Jesús, Nicodemo tuvo que vencer la resistencia que siempre se hace presente si uno quiere ir ante Él, y en su acercamiento deponiendo su status de principal entre los judíos le llama “Maestro”, pues reconoce que fuera de Él no hay mayor enseñanza. No hay vida.
Vencer el miedo de encontrar la luz es obra del Espíritu Santo. Doblegar la vergüenza, ceder en el orgullo de nuestra propia grandeza, romper con el yugo de los entretenimientos de este mundo e ir en pos de la liberación y el verdadero sentido a nuestra vida, es buscar a Dios que todo lo llena. Sin embargo encontrar esa relación con Dios que Nicodemo busca en medio de la noche, requiere ajustes en la vida personal. Somos templo del Espíritu Santo (1 Co. 6-19), “porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues a Dios en vuestro cuerpo, los cuales son de Dios”. Es decir no podremos ser de Dios y amar el Mundo.
Es posible que alguno de nosotros busque salir de la oscuridad de su vida para ir a ver a Jesús, con todo el peso que ello implica —como Nicodemo—, venciendo todos nuestros miedos. Sin importar las enfermedades que padecemos físicas o psicólogicas, nuestras debilidades, orgullo, vanidad, soberbia Él nos espera. El Señor busca una relación de amor personal con cada uno de sus hijos.
¡Volver a nacer en el espíritu es realmente nacer otra vez! Esperar en Jesús todas aquellas cosas que por nuestra cuenta son imposibles de lograr, es reconocer la grandeza de nuestro Dios. Roguemos al Espíritu Santo en oración, que nos revele esas áreas oscuras donde tienen cabida nuestras mayores angustias y pongamos esas cargas a los pies de Jesucristo nuestro Señor para quien todo es posible. Y como Nicodemo, vamos a la acción de encontrar a Jesús, con la humildad de un siervo fiel atento a la voluntad del que todo lo puede. A Nicodemo, Jesús El Señor le fue claro: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.
El autor es escritor.