La más reciente encuesta de la firma M&R Consultores sondeó las percepciones de la ciudadanía respecto a la empresa privada. Las respuestas son interesantes ponen de relieve sentimientos y opiniones sobre un sector que usualmente no es tomado en consideración en las encuestas de opinión que se practican en el país.
Resulta curioso observar la marcada diferencia respecto a lo que los encuestados consideran que es constitutivo de la empresa privada. Una mayoría de un 49.1 por ciento considera que ésta está conformada únicamente por los grandes empresarios, mientras que sólo un 36.4 por ciento considera que pertenece a ella todo aquel que tiene un negocio y que genera empleo. Desde un punto de vista técnico, estos últimos son lo que están en lo correcto, ya que todo el que tiene una empresa —independientemente de su tamaño— y que emplea a otros, es un empresario privado y, por lo tanto, es parte de la empresa privada.
Es importante, sin embargo, tener en mente la opinión expresada respecto a lo que es la empresa privada, a la hora de interpretar otras opiniones que los encuestados dieron sobre ella. Por ejemplo, a la pregunta de “¿Qué tanto está contribuyendo la empresa privada en la creación de empleos en el país?”, un 60.3 por ciento respondió que poco, y un 20.7 que nada. Es decir, que un 81 por ciento de los encuestados consideran que contribuye poco o nada. Claro está que ese porcentaje tendería a disminuir si todos los entrevistados tuviesen la opinión correcta acerca de lo que es la empresa privada.
De todas formas, es un porcentaje demasiado elevado; y lo que es peor, es una apreciación bastante ajustada a la realidad. La gente percibe que las nuevas empresas —del tipo que sean— no son muchas. Quizás en una encuesta posterior convendría preguntarle a la gente por qué piensa que la empresa privada está contribuyendo tan poco a la creación de empleos en Nicaragua.
Es bien sabido que el empresario, el que tiene cierto capital —poco o mucho— crea empleos únicamente cuando detecta una oportunidad de hacer un negocio e invierte su dinero en ese negocio. Pero antes de invertir su dinero, el empresario analiza y mide el riesgo involucrado en la empresa. Si éste es demasiado alto no invierte y, consecuentemente, no crea empleos.
Hay gente que piensa que el empresario o capitalista tiene la obligación de invertir para crear empleos, pero no es así. El empresario invierte, en primer lugar, cuando estima que al hacerlo obtendrá un beneficio. La creación de empleos es una simple resultante del interés que tiene el empresario de obtener un beneficio. Alguno dirá: pero eso es egoísmo. A esa persona habría que preguntarle que si su interés es que haya más empleos o que el empresario pueda ser considerado un ser no egoísta.
Lo que debemos tener muy claro es que los empleos se generan sólo cuando hay inversión, y la inversión sólo se da si existen condiciones apropiadas para atraer esas inversiones. En Nicaragua estamos mejorando en la creación de esas condiciones, especialmente ahora que contamos con un gobierno que está combatiendo la corrupción y esforzándose por crear un ambiente de honestidad y transparencia. Pero queda muchísimo por hacer. Las fuerzas de la corrupción y del antidesarrollo están vivas y luchando por prevalecer.
El doctor Anastasio Somarriba, presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), tiene mucha razón cuando pone gran parte de la culpa en el sandinismo por la baja creación de empleos. Somarriba nos recuerda que los empresarios más grandes de Nicaragua abandonaron el país cuando el Frente Sandinista tomó el poder en 1979 y empezó sistemáticamente a corromper y a destruir el ambiente empresarial. En breve tiempo, el sandinismo destruyó todo vestigio de sentido empresarial y obligó a los empresarios más dinámicos y capaces a emigrar con parte de su capital, pero sobre todo con su talento y sus deseos de trabajar, a otros países centroamericanos que se beneficiaron con su llegada. Nicaragua fue la perdedora.
Aún con todo, el futuro bienestar de Nicaragua pasa necesaria e inevitablemente por el desarrollo de la empresa privada. Más empresa privada es lo que necesitamos y no menos.