Una propuesta indecorosa

Félix Navarrete

La otra vez, mi madre, una mujer humilde y laboriosa, que frisa los sesenta años, me preguntaba indignada que cómo era posible que después de haber dejado los mejores años de su vida en los grises hospitales nacionales, laborando como auxiliar de enfermería los días con sus noches, sin tener más satisfacción que el deber cumplido, ahora el Ministerio de Salud se quiera deshacer de ella, como si fuera un número en la nómina, eliminándola de la plantilla de cargos y ofreciéndole a cambio un atractivo Plan de Retiro Voluntario que huele a propuesta indecorosa.

Y en esto mi madre tiene la razón. El plan que promueve el Ministerio de Salud, con fondos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), consiste en pagar 45 meses de salario de una vez, a todas aquellas auxiliares o enfermeras que se encuentran en el ocaso de su vida útil, y que opten por retirarse con un dinerito que les permita sobrevivir el resto de sus días.

Pero, ¿ cuánto es ese dinerito? Haciendo cuentas con mi madre, resulta que 45 salarios de ella equivalen aproximadamente a unos sesenta mil córdobas, que convertidos a moneda dura, verde, alcanzan los cuatro mil dólares estadounidenses. Obviamente, para ella, esta cantidad de dinero que, dicho sea de paso, nunca ha tenido en sus manos, podría ser una especie de pequeña lotería que le ayude a vivir una vejez digna. Pero desafortunadamente no es así. Viendo las cosas con frialdad y sin apasionamientos, esta propuesta es un irrespeto a sus 33 años de trabajo en los hospitales, a sus incontables noches en vela, a su energía y habilidad en el arte de curar, atendiendo enfermos de todas las edades, sustituyendo eventualmente al médico en casos de emergencia, o curando afanosamente las heridas de los accidentados que llegaban de emergencia al filo de las madrugadas.

¿ Cómo pueden pagarse, pregunta mi madre, los sacrificios de toda una vida, dedicada a esa noble vocación de atender enfermos, curarlos, que le generó hipertensión, insuficiencia coronaria, problemas nerviosos; que le quitó horas al sueño, y le dejó como pesada herencia una cadena de enfermedades crónicas que ahora, a la vuelta de los años, la tienen en casa, por incapacidad física, esperando una jubilación digna, merecida, acorde con los valores humanísticos que han inspirado su oficio? No hay dinero que compense esta vida.

Y, en ese sentido, el Plan de Retiro Voluntario no es ninguna compensación. Es una propuesta indecorosa, pero elegante de deshacerse de miles de trabajadores de la salud que por diversas razones ya no le sirven al sistema.

Es la única oportunidad que tienen de cobrar 45 salarios con sus prestaciones acumuladas, de una sola vez, lo que no es un premio sino un adelanto salarial de 45 meses, con la ventaja de que podés disfrutar ese dinerito sin que la muerte te lo arrebate.

Por estas razones, mi madre, quien siempre ha sido una mujer práctica, decidió acogerse a esta propuesta indecorosa, no sin antes preguntarse: ¿Le hubiera gustado a la Ministra Salvo retirarse con sesenta mil córdobas después de trabajar por más de treinta años en los hospitales del país? Una buena pregunta.

El autor es periodista y escritor.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí