- Tirso Moreno, ex combatiente de la Resistencia Nicaragüense, mantuvo en vilo al personal del Diario
Roberto Orozco B. yElizabeth [email protected]
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Eran las 8:30 de la noche de ayer, casi tres horas después del desenlace del secuestro de periodistas y personal de apoyo de LA PRENSA, los nervios aún no se han calmado del todo. Todavía queda la impresión de Tirso Moreno, ex comandante de la Resistencia Nicaragüense, blandiendo dos pistolas y amenazando de muerte a los que nos tuvo de rehenes por casi dos horas.
Todavía estaba acelerado el corazón y la adrenalina no cesaba su influencia bajo una mezcla de coraje y susto, cuando decidimos escribir esta crónica que, paradójicamente, “nos convirtió en la noticia”. Así es que ésta es la historia de la “Noticia de un secuestro”.
3:30 p.m.: Los telenoticieros brindaban los primeros detalles de la muerte de Arnoldo José Alemán Cardenal, hijo del ex presidente Arnoldo Alemán Lacayo, cuando un sujeto, en ese momento desconocido, entró intempestivamente y armado de una pistola automática, color negro, a LA PRENSA.
Tras pasar la puerta principal, de cristal, y bajar las gradas que conducen al área de salida de la Redacción, llamada también área de descargue, el sujeto encuentra a su paso al jefe de seguridad, Oscar Brenes Vega, y cerca de él, al editor gráfico Tomás Stargardter.
“Él me apuntó con su pistola y me dijo: ‘Soltá la pistola o te morís’. En un principio creí que era una broma, pero luego, el tipo me repitió la amenaza. ‘No hermano, calmate’, le dije y no tuve más remedio que entregarle mi pistola”, dijo Brenes. Su arma de reglamento es un revólver calibre 38 de fabricación búlgara.
IRRUMPE TIRSO MORENO
3:35 p.m.: El sujeto entró a la Redacción. Brenes le había exhortado a que no entrara, pero entró. Abrió la puerta de cristal, la entrada principal a la Redacción y alzó sus brazos para mostrar las dos pistolas. Decía que si “Arnoldito” (el hijo de Alemán) se moría, iba a correr un baño de sangre. Parece que no se había percatado que minutos antes, los médicos del Hospital Bautista habían declarado muerto a Alemán Cardenal.
Decía también que lo que le había pasado a Alemán Cardenal era culpa de LA PRENSA. Inmediatamente, aquéllos periodistas y trabajadores que escuchaban la noticia del deceso, en los dos televisores ubicado en la parte alta de una de las columnas de 6 metros frente a la puerta principal de la Redacción, comenzaron a correr en busca de una salida alterna.
Las mujeres gritaban y corrían, hubo caos. Otros corrían por instintos sin percatarse qué sucedía realmente y muchos salieron por la salida alterna ubicada frente a los cubículos de los editores de la sección de Departamentos, la cual da a un pasillo que cruza los Departamentos de Circulación y Suscripciones.
DISPARA CON LAS DOS ARMAS
3:40 p.m.: El sujeto salió hacia el área de descargue y parqueo, frente a Redacción. Brenes ya había conseguido otro revólver calibre 38, caminaba con el arma en la mano hacia Redacción cuando el agresor se percata y le dice: “Cómo, vos otra vez”, y le dispara con las dos armas que éste portaba: la 38 búlgara que momentos antes le había quitado a Brenes y la automática calibre 9 milímetros.
“Yo me parapeté detrás de una camioneta blanca estacionada en el parqueo y realizó dos disparos al aire”, narró Brenes.
Dentro de la Redacción, los gritos aumentaron de tono. A esa hora, este departamento estaba nutrido de periodistas, conserjes, secretarias, visitas, entre ellas el doctor Sergio Cuarezma Terán y el español Ernesto Pedraz, un especialista en Derecho Procesal Penal, quienes estaban reunidos con el jefe de Información, Freddy Potoy.
Muchos se lanzaban al piso, para protegerse, un grupo de mujeres corrió hacia los baños y fueron seguidas por varios hombres cuando se percataron que el sujeto volvía hacia la Redacción.
En la oficina de Potoy se había refugiado también Noelia González, editora de la sección de Nacionales, a quien, de un fuerte “halón” la hicieron tirarse al suelo. Douglas Carcache, jefe de Información y editor de Cierre ayer, se refugió en la oficina de Deportes junto al editor de esa sección, Edgard Rodríguez, y el periodista de la misma, Gerald Hernández.
Gustavo Ortega, editor de Economía, logró salir llevando casi chineadas a las periodistas Hilda Rosa Maradiaga y Gretchen Robleto, editora del suplemento Nosotras.
CARLOS MARTíNEZ, FUE EL PRIMERO
3:45 p.m.: El sujeto vuelve a entrar a la Redacción y al primero que agarra es al periodista Carlos Martínez, de Sucesos. Tuvo la mala suerte de que su computadora y cubículo son los primeros ubicados al pasar la puerta principal. “Nadie sale o se muere”, dice Martínez que le dijo el agresor, mientras le acariciaba el cañón de la 38 en su espalda y cuello.
En ese momento, ya sólo quedamos cerca de 18 personas en la Redacción, quienes no pudimos salir porque el sujeto armado nos amenazaba con matarnos si lo hacíamos.
EN EL BAÑO
En el baño de varones se refugiaron doña Lila de Guerra, editora de Sociales, las periodistas Guadalupe Espinosa y Martha Leonor González, editoras de los suplementos Aquí Entre Nos y Literaria. También Amparo Aguilera y Janyeska Sequeira, ambas periodistas de suplementos.
En la sala de Redacción estábamos Lenín Membreño, diagramador de suplementos; Moisés Martínez, periodista; Mario Flores, diagramador de fotografías; René Ortega, fotógrafo; Luis Alemán, periodista; Elízabeth Romero; periodista; Armando Baltonado, conductor, Daysi Pichardo, conserje; Emiliano Chamorro, periodista; Claudio Oviedo, de Infografía; Carlos Malespín, fotógrafo; Víctor Fuentes, conductor; Isidro Hernández, fotógrafo, y Eduardo García, diagramador, entre otros.
PERÍODO ANGUSTIOSO
3:55 p.m.: A esta hora comienza uno de los períodos más largo que seguramente vivimos los que estuvimos retenidos a la fuerza por este sujeto, de quien no se sabía su identidad. Sin embargo, su rostro me era conocido, no lo recordaba en ese momento, pero tenía la impresión que sabía quién era o que lo había visto cuando cubrí periodísticamente alguno de los conflictos que los ex “Contras” crearon posterior a su desmovilización y ante el incumplimiento del gobierno a los acuerdos de desarme.
Él decía que había combatido en la Resistencia Nicaragüense y que la democracia le costaba. Se notaba claramente tomado, aunque no ebrio. Decía cosas contradictorias, como, por ejemplo, que no nos iba a matar, pero que si entraba la Policía, éramos todos hombres y mujeres muertos.
“Yo sé que aquí voy a morir, pero estoy listo para hacerlo”, dijo en un momento, cuando mandó a pedir la foto de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, nuestro director mártir, que generalmente cuelga en la sala de reuniones de editores, porque si lo mataban, quería que su sangre se derramara en esa foto.
PERIODISTAS TOMAN INICIATIVA
4:10 p.m.: Carlos Martínez, Moisés Martínez, Luis Alemán y Elízabeth Romero, tomaron la iniciativa y le preguntaron qué quería, cuáles eran sus demandas. “Quiero que me comuniquen con el Cardenal (Miguel Obando)”, dijo en un inicio. Todos titubeamos, pero se llamó a la Curia Arzobispal. Nadie contestó. Elízabeth llamó posteriormente a Nayo, asistente del Cardenal Obando y Bravo y, tras lograr comunicación, le explicó brevemente y le pidió que le informara.
Luego, pidió comunicarse con el primer comisionado Edwin Cordero. “Díganle que soy Tirso Moreno, comandante ‘Rigoberto’ de la Resistencia”, se identificó. Fue entonces cuando caí quién era el tipo. El comandante ‘Rigoberto’, uno de los más bravos jefes militares de la ex “Contra”, ex jefe de fuerza de tarea.
Elizabeth llamó al celular de Cordero, pero no contestó, así es que le dejó el mensaje.
Tirso Moreno también pidió comunicarse con Pedro Joaquín Chamorro Barrios. “Yo estuve con él en la ‘Contra’ por muchos años”, dijo. “Comuníquenme con doña Violeta (Barrios de Chamorro), Daniel Ortega, Tomás Borge o Hamín Gurdián”, dijo.
Los periodistas le siguieron el juego e intentaron comunicarse con todas estas personas, pero fue en vano. Mientras, la Policía ya había entrado a LA PRENSA y varios oficiales se asomaban al interior desde el aparcamiento de Redacción. Moreno extendía su brazo por encima de la cabeza de René Ortega y apuntaba contra aquéllos: “Si entrás, sos muerto”, gritó en numerosas ocasiones.
Prácticamente, utilizó a Ortega como su escudo humano y más cercano rehén.
Para entonces, Moreno dijo a los periodistas que llamáramos a su esposa y brindó el teléfono de su casa: 2664619. Cuando lo comunicamos, dijo: “Ya me tomé LA PRENSA, está tomada por mí”, esto hizo suponernos que su acto ya lo había pensado antes.
LA PRENSA RODEADA
5:10 p.m.: Varios policías de civil ya habían entrado por una puerta alterna a la Redacción. Uno de ellos, se acomodó en el cubículo de Rolando Flores, editor de mesa de la sección Política de LA PRENSA. Acechaba sigilosamente y sin que Moreno se percatara de su presencia.
De pronto, llegó una llamada inesperada. Moisés Martínez levantó el auricular y dijo: “Elízabeth levantá el teléfono”. Lo primero que pensé es que por fin obteníamos respuesta a una de las muchas llamadas efectuadas pidiendo auxilio. Y que de paso, muy pocas personas daban crédito a lo que les decíamos, pero se trataba del Jefe de Información, Freddy Potoy. Anunciaba que el Jefe de la Policía de Managua, comisionado mayor Horacio Rocha estaba en el teléfono.
“Preguntale si acepta hablar con él”, dijo Potoy al otro lado del auricular. “El comisionado Rocha está en el teléfono, si usted acepta hablar con él”, consulté al pistolero. Haló el aparato y rápidamente conversó con el jefe policial.
No se sabe qué conversaron, pero Moreno le decía por el auricular a Rocha que aceptaba que él entrara, pero solo.
ENTRA EL COMISIONADO ROCHA
5:20 p.m.: A los pocos minutos, por la puerta entró Rocha, portaba su chaleco antibalas y era seguido por el jefe del Cuarto Distrito de Policía, comisionado Leonardo Vanegas.
Este fue el inicio de la solución al secuestro. El jefe policial le pidió que conversaran y para ello escogió el Departamento de Fotografía. La persuasión de ambos jefes policiales sirvió para que Moreno entregara sus armas. Ese fue el momento que aprovechamos todos para salir, por la puerta que conduce a un pasillo donde están ubicadas las oficinas del área de circulación.
Para ese entonces, la Policía mantenía el control de las instalaciones. Un contingente de 150 hombres, entre éstos un grupo de las Fuerzas de Táctica y Armas Policiales de Intervención y Rescate (TAPIR), fueron movilizadas al mando del jefe de Managua, quien manejó la operación.
Al lugar también acudieron socorristas de la Cruz Roja y miembros de la Dirección General de Bomberos que auxiliaron a varios trabajadores que se vieron afectados por los nervios.
El perímetro que comprende todas las instalaciones de LA PRENSA fue rodeado de inmediato por las fuerzas policiales que se habían apostado, incluso, en el techo del local por cualquier reacción del armado.
FINAL DEL SECUESTRO
5:35 p.m.: A la salida, el comisionado mayor Horacio Rocha informó que Moreno no refirió sobre sus objetivos de la toma del local, por lo que tratarían de investigarlo en las oficinas de la Dirección de Investigaciones Criminales (DIC), hasta donde fue trasladado.
El jefe policial manifestó que el hombre se observaba “bien perturbado”. Tirso Moreno fue sacado de las instalaciones de LA PRENSA bajo un fuerte contingente policial.
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